El Paso de Dühsen: Un Regreso
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El Paso de Dühsen: Un Regreso
"La nieve se va haciendo menos espesa, como si algunas millas más no existiera. Teníais razón, por cierto: este es el camino por el que debíamos aventurarnos, el antiguo paso montañoso de Dühsen. Si bien no es posible que lo recuerde, algo me parece familiar de estas tierras, las tierras de mi padre y de mi madre, y por cierto, las tierras de vosotros, los únicos capaces de cumplir vuestros juramentos a mi padre. No olvidaré ni vuestra lealtad ni la traición de los que ahora no deben ser más que mis enemigos."
Tres jinetes cubiertos por pesadas capas de piel de oso, acompañados de un gigantesco perro de color negro, avanzaban de forma lenta a través del camino, todavía cubierto de la suficiente cantidad de nieve como para hacer de una cabalgata más rápida una osadía innecesaria. El más joven de entre ellos y su aparente líder, alto, delgado, de pelo castaño largo y una barba rala del mismo color, había roto un largo silencio, con palabras llenas de amargura. Uno de sus acompañantes, un hombre alto, fornido, de larga cabellera y barbas rojizos, con algunas canas y rostro curtido por el sol, replicó:
" Mi Señor, este es efectivamente el camino por el cual os condujimos al exilio, apenas un infante. Y sin embargo, hay que reconocer que hemos tenido suerte de sobrevivir hasta ahora, y nada parece asegurarnos la victoria. Somos apenas tres, y ellos todavía poseen ejércitos con los que luchar, incluso suponiendo que logréis convencer a alguien en estas tierras a unir sus fuerzas a vuestra causa."
El otro hombre, más bajo aunque corpulento, de cabeza completamente rapada y una larga, enmarañada barba de color dorado, algo más joven que su compañero, se echó a reír. Aparentemente, el pesimismo del pelirrojo le parecía divertido, y no era en absoluto novedoso, a juzgar porque el joven se mantenía tranquilo.
" Alois: Parad de reír, puede que nos oigan las patrullas, si es que existen, con todo este escándalo. Por otro lado, nuestro amigo Thedrik es un cobarde desde las palabras, pero es un rayo en combate. Y ciertamente, me seguirá hasta donde yo estime necesario. Y yo estimo necesario volver, pero no para vivir como un aldeano precisamente. No descansaré hasta que la sangre sea satisfecha, al fin. ¿Entendido?"
Los dos hombres, uno con expresión amargada, y el otro con una mirada divertida, asintieron al unísono, con disciplina. Los caballos, pese al largo viaje, parecían poder trotar a mayor velocidad, con menos dificultad que antes, a medida que el terreno era menos escarpado, y la capa de nieve cubriendo la roca se volvía más delgada. El can corría dando grandes ladridos, como en señal de felicidad. En poco tiempo, estarían de vuelta.
Tres jinetes cubiertos por pesadas capas de piel de oso, acompañados de un gigantesco perro de color negro, avanzaban de forma lenta a través del camino, todavía cubierto de la suficiente cantidad de nieve como para hacer de una cabalgata más rápida una osadía innecesaria. El más joven de entre ellos y su aparente líder, alto, delgado, de pelo castaño largo y una barba rala del mismo color, había roto un largo silencio, con palabras llenas de amargura. Uno de sus acompañantes, un hombre alto, fornido, de larga cabellera y barbas rojizos, con algunas canas y rostro curtido por el sol, replicó:
" Mi Señor, este es efectivamente el camino por el cual os condujimos al exilio, apenas un infante. Y sin embargo, hay que reconocer que hemos tenido suerte de sobrevivir hasta ahora, y nada parece asegurarnos la victoria. Somos apenas tres, y ellos todavía poseen ejércitos con los que luchar, incluso suponiendo que logréis convencer a alguien en estas tierras a unir sus fuerzas a vuestra causa."
El otro hombre, más bajo aunque corpulento, de cabeza completamente rapada y una larga, enmarañada barba de color dorado, algo más joven que su compañero, se echó a reír. Aparentemente, el pesimismo del pelirrojo le parecía divertido, y no era en absoluto novedoso, a juzgar porque el joven se mantenía tranquilo.
" Alois: Parad de reír, puede que nos oigan las patrullas, si es que existen, con todo este escándalo. Por otro lado, nuestro amigo Thedrik es un cobarde desde las palabras, pero es un rayo en combate. Y ciertamente, me seguirá hasta donde yo estime necesario. Y yo estimo necesario volver, pero no para vivir como un aldeano precisamente. No descansaré hasta que la sangre sea satisfecha, al fin. ¿Entendido?"
Los dos hombres, uno con expresión amargada, y el otro con una mirada divertida, asintieron al unísono, con disciplina. Los caballos, pese al largo viaje, parecían poder trotar a mayor velocidad, con menos dificultad que antes, a medida que el terreno era menos escarpado, y la capa de nieve cubriendo la roca se volvía más delgada. El can corría dando grandes ladridos, como en señal de felicidad. En poco tiempo, estarían de vuelta.
Última edición por Sangre el Dom Mar 18, 2012 8:22 pm, editado 1 vez

Sangre- Terrateniense

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
La fogata, hecha con maderos húmedos, casi podridos, parecía producir más humo que calor, y sin embargo, ningún miembro de la compañía parecía dispuesto a quejarse. La capa de nieve era delgada, y el refugio seguro y confortable; ciertamente, para las condiciones de su viaje, aquellos parajes, aún gélidos y desolados, constituían un paraíso, y el perro, echado frente al fogón, parecía por primera vez tomarse un verdadero descanso.
" Es extraño que no hayamos encontrado guardias, dado que nos encontramos a unas cuantas millas de distancia de Bohrendvelt, si es que aún existe... El clima del norte ha sido más inclemente esta última década, y sin embargo, esperaba que mis paisanos fueran un poco más resistentes."
Alois habló, con tono seco, potente, como si ya hubiese abandonado la idea de encontrarse con otros seres humanos en aquella latitud, lo que evidentemente, parecía perturbar a Thedrik, quien todavía parecía estar alerta, a la espera de cualquier desgracia. Ello no parecía disgustar a su joven señor, sino más bien todo lo contrario.
" Por más que me moleste la paranoia de Thedrik, es razonable que hables un poco más bajo, pese a que la fogata es más evidente que tus bramidos. Y sin embargo, no deja de ser válida tu observación, puesto que necesitamos encontrar alguna aldea periférica, con alguna disposición favorable hacia mi padre para tomar algún castillo, e instalar alguna base, y ciertamente Bohrendvelt era una buena alternativa..."
Aquella revelación pareció incomodar a Thedrik aún más, cuyo rostro, de por sí rubicundo, pareció ruborizarse cada vez más, para adquirir el color de un tomate. Olvidando toda consideración previa, su voz grave y portentosa se alzó en el cielo nórdico.
" ¿No pretenderéis iniciar una guerra inmediatamente, Mi Señor? Puesto que si algo nos enseñó la caída de vuestro padre fue que, unidos, los Señores de los Valles son más fuertes que el más poderoso..."
Ante la expresión embelesada de Alois, la mirada del joven adquirió un aspecto torvo, sombrío, y antes que pudiera terminar su discurso el veterano guerrero, se pudo sentir una voz metálica, impersonal, cortar el aire.
" Ellos no saben que lo soy, ¿o sí, Thedrik? Ellos vencieron a mi padre porque estaban unidos, y dudo que actualmente lo estén. Por ahora, no comporto un peligro, y el tiempo seguramente ha aumentado las fricciones, más aún si como nos hemos enterado, ninguno de ellos ha logrado prevalecer por sobre el otro. Si no hay Rey en Los Valles no es porque no lo hayan deseado, y eso lo sabe hasta Alois. No veo por qué deberíais dudarlo.
Ahora, necesito saber dos cosas: La primera es dónde solía hallarse Bohrendvelt, y la segunda, qué otros poblados existen en la región, y cómo es posible acercarse al Margrave. No lo conozco, pero creo que podría convencerle de entrar al bando correcto."
" Es extraño que no hayamos encontrado guardias, dado que nos encontramos a unas cuantas millas de distancia de Bohrendvelt, si es que aún existe... El clima del norte ha sido más inclemente esta última década, y sin embargo, esperaba que mis paisanos fueran un poco más resistentes."
Alois habló, con tono seco, potente, como si ya hubiese abandonado la idea de encontrarse con otros seres humanos en aquella latitud, lo que evidentemente, parecía perturbar a Thedrik, quien todavía parecía estar alerta, a la espera de cualquier desgracia. Ello no parecía disgustar a su joven señor, sino más bien todo lo contrario.
" Por más que me moleste la paranoia de Thedrik, es razonable que hables un poco más bajo, pese a que la fogata es más evidente que tus bramidos. Y sin embargo, no deja de ser válida tu observación, puesto que necesitamos encontrar alguna aldea periférica, con alguna disposición favorable hacia mi padre para tomar algún castillo, e instalar alguna base, y ciertamente Bohrendvelt era una buena alternativa..."
Aquella revelación pareció incomodar a Thedrik aún más, cuyo rostro, de por sí rubicundo, pareció ruborizarse cada vez más, para adquirir el color de un tomate. Olvidando toda consideración previa, su voz grave y portentosa se alzó en el cielo nórdico.
" ¿No pretenderéis iniciar una guerra inmediatamente, Mi Señor? Puesto que si algo nos enseñó la caída de vuestro padre fue que, unidos, los Señores de los Valles son más fuertes que el más poderoso..."
Ante la expresión embelesada de Alois, la mirada del joven adquirió un aspecto torvo, sombrío, y antes que pudiera terminar su discurso el veterano guerrero, se pudo sentir una voz metálica, impersonal, cortar el aire.
" Ellos no saben que lo soy, ¿o sí, Thedrik? Ellos vencieron a mi padre porque estaban unidos, y dudo que actualmente lo estén. Por ahora, no comporto un peligro, y el tiempo seguramente ha aumentado las fricciones, más aún si como nos hemos enterado, ninguno de ellos ha logrado prevalecer por sobre el otro. Si no hay Rey en Los Valles no es porque no lo hayan deseado, y eso lo sabe hasta Alois. No veo por qué deberíais dudarlo.
Ahora, necesito saber dos cosas: La primera es dónde solía hallarse Bohrendvelt, y la segunda, qué otros poblados existen en la región, y cómo es posible acercarse al Margrave. No lo conozco, pero creo que podría convencerle de entrar al bando correcto."
Última edición por Guntram el Lun Dic 05, 2011 8:32 pm, editado 2 veces

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
La nieve había desaparecido ya del camino, aunque la tierra, en aquella mañana típica de primavera, todavía era dura y fría, y el ambiente húmedo anunciaba una lluvia próxima. Sin embargo, para aquellos hombres acostumbrados a los gélidos inviernos nórdicos, el clima era no sólo tolerable, sino definitivamente agradable.
De pronto llegaron a Bohrendvelt, o para ser más preciso, sus ruinas. De las sólidas casas de piedra sólo se notaban los muros derruidos, invadidos de musgo y hierbas, y el tranquilo trajín de la vida en la aldea había sido, quizás mucho tiempo antes, reemplazado por los sonidos de la vida silvestre. En poco tiempo, unos años más quizás, el bosque se expandiría inexorablemente, borrando todo resto del poblado, toda memoria de la existencia de sus antiguos habitantes.
" Cuidado, Señor, alguien se acerca, el sabueso también puede sentirlo. Debemos ser cautos para evitar que noten nuestra presencia."
"O para emboscarle o emboscarles. Necesitamos información de forma urgente."
A Guntram le habían sorprendido, en el pasado, los aguzados sentidos de Alois, al que comparaba con un perro de presa. Y, escondidos entre los matorrales, espesos, con su auténtico perro de presa tenso, completamente alerta, pudieron divisarlo apenas desmontó. Se trataba de un solo hombre, un joven inexperto que llevaba sobre su cota de malla el blasón de los guardias del Margrave. Nadie parecía acompañarle.
" Alto ahí, ¿q... quién vive?"
El muchacho pareció entender qué estaba pasando, pero ya era demasiado tarde. Se encontraba rodeado de tres guerreros que se veían más fuertes que él, con sus armas desenvainadas y aspecto avasallador, su caballo, espantado por el perro, se encontraba lejos ya. Sin esperanza, lanzó su espada al suelo, en señal de rendición.
"Tranquilo ahí, sólo tenemos unas preguntas."
"B... Bien, ¿de qué se trata?"
" ¿Qué ha sucedido en esta aldea? ¿Por qué y desde cuándo se encuentra desierta?"
"¿ No son de por aquí entonces? En fin, para no poneros nervioso seré directo. Hace poco más de 10 años hubo una rebelión en estos parajes, y las tropas de mi señor el Margrave arrasaron con varias aldeas de la región... Naturalmente otros poblados se han levantado, pero..."
"¿Entonces todos los rebeldes han muerto ya? ¿No quedan remanentes de ellos?"
"Esa es una pregunta extraña, y la respuesta puede serlo un poco más. Se rumorea que varios de los habitantes, con sus mujeres e hijos lograron escapar a los Bosques Malditos, aquellos donde se refugió alguna vez el ..."
"Muchas gracias. Es todo lo que tenía que saber. Vamos, muchachos."
El inexperto soldado emitió un murmullo de alivio, y su rostro se tranquilizó, hasta que logró observar la expresión de su interrogador, en que se esbozó una sonrisa de perversa satisfacción, captada con ciertas miradas de euforia morbosa por parte de sus secuaces.
" Terminad el trabajo, por favor. Yo necesito pensar."
Los gritos desesperados en busca de clemencia lograron espantar a las aves, pero cesaron rápidamente. El hombre joven se encontraba enfrascado en sus pensamientos, la vista dirigida a las espesas florestas que yacían al Oeste.
De pronto llegaron a Bohrendvelt, o para ser más preciso, sus ruinas. De las sólidas casas de piedra sólo se notaban los muros derruidos, invadidos de musgo y hierbas, y el tranquilo trajín de la vida en la aldea había sido, quizás mucho tiempo antes, reemplazado por los sonidos de la vida silvestre. En poco tiempo, unos años más quizás, el bosque se expandiría inexorablemente, borrando todo resto del poblado, toda memoria de la existencia de sus antiguos habitantes.
" Cuidado, Señor, alguien se acerca, el sabueso también puede sentirlo. Debemos ser cautos para evitar que noten nuestra presencia."
"O para emboscarle o emboscarles. Necesitamos información de forma urgente."
A Guntram le habían sorprendido, en el pasado, los aguzados sentidos de Alois, al que comparaba con un perro de presa. Y, escondidos entre los matorrales, espesos, con su auténtico perro de presa tenso, completamente alerta, pudieron divisarlo apenas desmontó. Se trataba de un solo hombre, un joven inexperto que llevaba sobre su cota de malla el blasón de los guardias del Margrave. Nadie parecía acompañarle.
" Alto ahí, ¿q... quién vive?"
El muchacho pareció entender qué estaba pasando, pero ya era demasiado tarde. Se encontraba rodeado de tres guerreros que se veían más fuertes que él, con sus armas desenvainadas y aspecto avasallador, su caballo, espantado por el perro, se encontraba lejos ya. Sin esperanza, lanzó su espada al suelo, en señal de rendición.
"Tranquilo ahí, sólo tenemos unas preguntas."
"B... Bien, ¿de qué se trata?"
" ¿Qué ha sucedido en esta aldea? ¿Por qué y desde cuándo se encuentra desierta?"
"¿ No son de por aquí entonces? En fin, para no poneros nervioso seré directo. Hace poco más de 10 años hubo una rebelión en estos parajes, y las tropas de mi señor el Margrave arrasaron con varias aldeas de la región... Naturalmente otros poblados se han levantado, pero..."
"¿Entonces todos los rebeldes han muerto ya? ¿No quedan remanentes de ellos?"
"Esa es una pregunta extraña, y la respuesta puede serlo un poco más. Se rumorea que varios de los habitantes, con sus mujeres e hijos lograron escapar a los Bosques Malditos, aquellos donde se refugió alguna vez el ..."
"Muchas gracias. Es todo lo que tenía que saber. Vamos, muchachos."
El inexperto soldado emitió un murmullo de alivio, y su rostro se tranquilizó, hasta que logró observar la expresión de su interrogador, en que se esbozó una sonrisa de perversa satisfacción, captada con ciertas miradas de euforia morbosa por parte de sus secuaces.
" Terminad el trabajo, por favor. Yo necesito pensar."
Los gritos desesperados en busca de clemencia lograron espantar a las aves, pero cesaron rápidamente. El hombre joven se encontraba enfrascado en sus pensamientos, la vista dirigida a las espesas florestas que yacían al Oeste.

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
La lluvia, copiosa, no parecía capaz de detenerles, menos aún cuando ya se encontraban bajo el abrigo, parcial, de los altos árboles del bosque. Ni siquiera el sabueso, más lento que los caballos, parecía agotado por la larga marcha; después de todo, no tenían tiempo que perder. Y la espesura creciente de las selvas parecía ser una señal de que iban en el camino correcto.
" ¿De veras creéis que unos pocos renegados, y sus familias, expuestas al hambre, el frío y las enfermedades en este bosque lleno de cadáveres de una derrota sangrienta podrían sernos de utilidad? Necesitamos un ejército, no unos cuantos puñados de aldeanos caídos en desgracia."
" Eso es un buen punto, en efecto, Thedrik. Pero estos "puñados de aldeanos" han sido leales aun cuando toda esperanza se había desvanecido. Y espero salir de estos bosques con un Ejército... No olvidéis que puedo ver más allá de lo evidente. Esa es mi principal ventaja, además de la sorpresa."
Siguieron avanzando, hasta encontrar una laguna. En la orilla, pudieron divisar dos cuerpos, parcialmente enterrados; parecían guerreros muertos, guerreros que habían caído tratando de defender al padre de Guntram. Sin embargo, nada, ninguna señal parecía mostrar el paso del tiempo. No se habían podrido aún, por alguna razón.
" Pobres desgraciados. Espero que el nuevo ejército sea mejor que ellos..."
Alois soltó una carcajada, mientras avanzaba con su caballo. De pronto, en medio de la quietud aparente del bosque, el perro de guerra comenzó a gruñir con furia. Les habían tendido una trampa, y ya no tenían tiempo para escapar de la celada. Una voz imperativa, seca, les indicó que no eran bien recibidos.
" ¿Quién osa perturbar el descanso de los caídos? Hablad antes que las flechas os den vuestro justo castigo."
Tras haber supuesto lo peor, Guntram soltó una risotada de satisfacción, al tiempo que descubría su rostro, envuelto en la capa de viaje, y decía:
" Lamento importunaros: os juro que si tuviera alguna elección más que molestaros a vosotros y a los caídos, lo habría evitado. Pero mucho me temo que soy vuestra última esperanza, y ustedes son vitales para mi causa, nuestra causa."
" ¿De veras creéis que unos pocos renegados, y sus familias, expuestas al hambre, el frío y las enfermedades en este bosque lleno de cadáveres de una derrota sangrienta podrían sernos de utilidad? Necesitamos un ejército, no unos cuantos puñados de aldeanos caídos en desgracia."
" Eso es un buen punto, en efecto, Thedrik. Pero estos "puñados de aldeanos" han sido leales aun cuando toda esperanza se había desvanecido. Y espero salir de estos bosques con un Ejército... No olvidéis que puedo ver más allá de lo evidente. Esa es mi principal ventaja, además de la sorpresa."
Siguieron avanzando, hasta encontrar una laguna. En la orilla, pudieron divisar dos cuerpos, parcialmente enterrados; parecían guerreros muertos, guerreros que habían caído tratando de defender al padre de Guntram. Sin embargo, nada, ninguna señal parecía mostrar el paso del tiempo. No se habían podrido aún, por alguna razón.
" Pobres desgraciados. Espero que el nuevo ejército sea mejor que ellos..."
Alois soltó una carcajada, mientras avanzaba con su caballo. De pronto, en medio de la quietud aparente del bosque, el perro de guerra comenzó a gruñir con furia. Les habían tendido una trampa, y ya no tenían tiempo para escapar de la celada. Una voz imperativa, seca, les indicó que no eran bien recibidos.
" ¿Quién osa perturbar el descanso de los caídos? Hablad antes que las flechas os den vuestro justo castigo."
Tras haber supuesto lo peor, Guntram soltó una risotada de satisfacción, al tiempo que descubría su rostro, envuelto en la capa de viaje, y decía:
" Lamento importunaros: os juro que si tuviera alguna elección más que molestaros a vosotros y a los caídos, lo habría evitado. Pero mucho me temo que soy vuestra última esperanza, y ustedes son vitales para mi causa, nuestra causa."

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
Aquel bosque podría haber sido hermoso, con sus altos árboles de hojas perennes, su abundante vida silvestre, donde destacaba el cantar de los pájaros, incólumes pese al frío del Norte, al menos durante la primavera, y el mando de flores y hiedra cubriendo largas extensiones. Sin embargo, algo parecía definitivamente sombrío de aquel lugar, como si estuviese maldito.
Los sobrevivientes de las masacres eran más de lo que el joven había pensado, y definitivamente le eran leales, a la memoria de su padre y a él, su hijo, pero se trataba principalmente de campesinos sin experiencia, con muchas mujeres, niños y ancianos, abatidos por las enfermedades y el hambre, al no poder cultivar como solían hacer antes que las tropas del Margrave acabasen con su rebelión, pobremente planeada y ejecutada en el peor momento posible.
" Mi Señor, bien sabéis que os somos más leales que nadie, y que hemos sacrificado todo por vos, pero seamos honestos, no bastamos para luchar contra nuestros enemigos. Mejor sería que nos llevéis al extremo norte del mundo, peor que esto no puede ser..."
El líder de los hombres era un hombre alto y robusto, de unos cincuenta años, y pelo, largo excepto en su frente despoblada y barba castaños, que asemejaba un oso, seguramente un cazador, e incluso él se veía abatido, desesperado. A diferencia de Thedrik, era claro que no estaba en condiciones de seguir combatiendo hasta la muerte. Guntram frunció el ceño, evidentemente disgustado.
" Si hemos venido es porque no es posible, ni para mí ni para vosotros seguir huyendo. Es preciso luchar hasta aplastar a todos los traidores, y si me habéis sido leal hasta ahora, no os recomendaría echar por tierra todos vuestros sacrificios por debilidades momentáneas. Ahora, necesito saber dónde se encuentra la posición fortificada más cercana del Margrave. Necesito una base de operaciones digna de tal nombre."
El hombre le miró con un dejo de incredulidad, y perplejo, respondió:
" Bueno, la fortaleza más cercana y de un tamaño apropiado se llama Amundgaard, unas 10 millas al sureste, pero os lo advierto, está fuertemente guarnecida. Se dice que la hija menor del Margrave visita el lugar en sus viajes de caza, de forma regular, y ciertamente, las fuerzas con que disponemos son completamente insuficientes para..."
"Las fuerzas con las que vos confiais, Burgomaestre, son completamente insuficientes para intentar el asalto. ¿Honestamente creéis que soy un suicida? Sé que este ataque debe resultar perfecto, y francamente, pocos de los vuestros me son útiles para ese propósito."
En el cansado, abatido rostro del hombre, se dibujó una expresión jovial, esperanzada. Entonces no estaban solos, entonces había alguna posibilidad, si no de gloria, al menos de sobrevivir. Exultante, preguntó:
" Habéis hecho muy bien ocultando esta información. No nos hemos enterado. ¿Y dónde nos encontraremos con vuestros refuerzos? ¿Los hombres del Ohrssenato han respondido al legado de su gobernante legítimo?"
Con una sonrisa enigmática, sombría, el joven observó a su interlocutor en silencio, para luego de un silencio cuidadosamente premeditado por él:
" Si bien espero ayuda de los hombres de Ohrssen, creo que debo primero ganar algunas batallas, y demostrar que soy capaz de protegerles. No, no son ellos, y ¿queréis saber el secreto? Toda la ayuda que necesitamos, al menos inicialmente, yace, dormida, pero no eternamente en este bosque. ¿Fue mi padre el que os lo mencionó como posible refugio antes de caer, no es así? Pues alégrate, vuestros sufrimientos no han sido en vano. Habéis estado guardando mi ejército."
Los sobrevivientes de las masacres eran más de lo que el joven había pensado, y definitivamente le eran leales, a la memoria de su padre y a él, su hijo, pero se trataba principalmente de campesinos sin experiencia, con muchas mujeres, niños y ancianos, abatidos por las enfermedades y el hambre, al no poder cultivar como solían hacer antes que las tropas del Margrave acabasen con su rebelión, pobremente planeada y ejecutada en el peor momento posible.
" Mi Señor, bien sabéis que os somos más leales que nadie, y que hemos sacrificado todo por vos, pero seamos honestos, no bastamos para luchar contra nuestros enemigos. Mejor sería que nos llevéis al extremo norte del mundo, peor que esto no puede ser..."
El líder de los hombres era un hombre alto y robusto, de unos cincuenta años, y pelo, largo excepto en su frente despoblada y barba castaños, que asemejaba un oso, seguramente un cazador, e incluso él se veía abatido, desesperado. A diferencia de Thedrik, era claro que no estaba en condiciones de seguir combatiendo hasta la muerte. Guntram frunció el ceño, evidentemente disgustado.
" Si hemos venido es porque no es posible, ni para mí ni para vosotros seguir huyendo. Es preciso luchar hasta aplastar a todos los traidores, y si me habéis sido leal hasta ahora, no os recomendaría echar por tierra todos vuestros sacrificios por debilidades momentáneas. Ahora, necesito saber dónde se encuentra la posición fortificada más cercana del Margrave. Necesito una base de operaciones digna de tal nombre."
El hombre le miró con un dejo de incredulidad, y perplejo, respondió:
" Bueno, la fortaleza más cercana y de un tamaño apropiado se llama Amundgaard, unas 10 millas al sureste, pero os lo advierto, está fuertemente guarnecida. Se dice que la hija menor del Margrave visita el lugar en sus viajes de caza, de forma regular, y ciertamente, las fuerzas con que disponemos son completamente insuficientes para..."
"Las fuerzas con las que vos confiais, Burgomaestre, son completamente insuficientes para intentar el asalto. ¿Honestamente creéis que soy un suicida? Sé que este ataque debe resultar perfecto, y francamente, pocos de los vuestros me son útiles para ese propósito."
En el cansado, abatido rostro del hombre, se dibujó una expresión jovial, esperanzada. Entonces no estaban solos, entonces había alguna posibilidad, si no de gloria, al menos de sobrevivir. Exultante, preguntó:
" Habéis hecho muy bien ocultando esta información. No nos hemos enterado. ¿Y dónde nos encontraremos con vuestros refuerzos? ¿Los hombres del Ohrssenato han respondido al legado de su gobernante legítimo?"
Con una sonrisa enigmática, sombría, el joven observó a su interlocutor en silencio, para luego de un silencio cuidadosamente premeditado por él:
" Si bien espero ayuda de los hombres de Ohrssen, creo que debo primero ganar algunas batallas, y demostrar que soy capaz de protegerles. No, no son ellos, y ¿queréis saber el secreto? Toda la ayuda que necesitamos, al menos inicialmente, yace, dormida, pero no eternamente en este bosque. ¿Fue mi padre el que os lo mencionó como posible refugio antes de caer, no es así? Pues alégrate, vuestros sufrimientos no han sido en vano. Habéis estado guardando mi ejército."

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
" ¿Cómo que hemos guardado vuestro ejército, Mi Señor? Hemos recorrido todo el bosque múltiples veces, para escondernos, y no hemos encontrado tropas que pudieran defendernos. Sólo aquellos cadáveres, extraordinariamente bien conservados pero cadáveres, con los ojos abiertos y la mirada vacía."
Los dos guardaespaldas intercambiaron miradas de horrorizada sorpresa, entendiendo en plenitud el plan de su amo, quien se limitó a esbozar una sonrisa irónica, ante la expresión de desesperada rabia del burgomaestre.
"Precisamente, aquellos cadáveres son mi Ejército, y vuestra carta para salir del predicamento en que estáis, por cierto. Pero no nos entretengamos en explicaciones, pues mientras antes esté en Amundgaard, y menos tropas guarden la fortaleza, mejor. Os lo demostraré."
Entonces Guntram, ya en un claro del bosque, pronunció, con voz fría, metálica, unas largas y complejas invocaciones en un idioma que al resto les pareció extraño e incomprensible, acaso una lengua largas eras extinta. Inicialmente todo permaneció en silencio, pero acaso minutos después, una serie de ruidos pareció hacerse presente a todos ellos.
Eran los cadáveres, que, incólumes, presentando las heridas que les causaron la muerte, pero sin otra señal de daño o corrupción posterior, portando sus antiguas armas y armaduras, que con velocidad, se alinearon frente al joven y los aldeanos, con ademanes marciales.
" Gracias por vuestra disposición soldados... Pueblo de los Bosques Malditos: Esta es vuestra oportunidad. Estos hombres, que no contentos con servir hasta la muerte a mi padre, se han levantado para que yo, su heredero pueda corregir la grave situación actual. Si vuestro ánimo es tan fiel como el de estos guerreros, no tendréis nada que temer, una vez sean reubicados donde os merecéis. Mas basta ya de discursos, que debemos dirigirnos a Amundgaard."
Lejos de horrorizarse por la insólita solución, los aldeanos, empezando por el veterano burgomaestre, vitorearon, jubilosos. Después de todo, aquellos muertos les estaban dando una oportunidad de recuperar su vida, tras una década de oprobios y tormentos, como herejes.
Los dos guardaespaldas intercambiaron miradas de horrorizada sorpresa, entendiendo en plenitud el plan de su amo, quien se limitó a esbozar una sonrisa irónica, ante la expresión de desesperada rabia del burgomaestre.
"Precisamente, aquellos cadáveres son mi Ejército, y vuestra carta para salir del predicamento en que estáis, por cierto. Pero no nos entretengamos en explicaciones, pues mientras antes esté en Amundgaard, y menos tropas guarden la fortaleza, mejor. Os lo demostraré."
Entonces Guntram, ya en un claro del bosque, pronunció, con voz fría, metálica, unas largas y complejas invocaciones en un idioma que al resto les pareció extraño e incomprensible, acaso una lengua largas eras extinta. Inicialmente todo permaneció en silencio, pero acaso minutos después, una serie de ruidos pareció hacerse presente a todos ellos.
Eran los cadáveres, que, incólumes, presentando las heridas que les causaron la muerte, pero sin otra señal de daño o corrupción posterior, portando sus antiguas armas y armaduras, que con velocidad, se alinearon frente al joven y los aldeanos, con ademanes marciales.
" Gracias por vuestra disposición soldados... Pueblo de los Bosques Malditos: Esta es vuestra oportunidad. Estos hombres, que no contentos con servir hasta la muerte a mi padre, se han levantado para que yo, su heredero pueda corregir la grave situación actual. Si vuestro ánimo es tan fiel como el de estos guerreros, no tendréis nada que temer, una vez sean reubicados donde os merecéis. Mas basta ya de discursos, que debemos dirigirnos a Amundgaard."
Lejos de horrorizarse por la insólita solución, los aldeanos, empezando por el veterano burgomaestre, vitorearon, jubilosos. Después de todo, aquellos muertos les estaban dando una oportunidad de recuperar su vida, tras una década de oprobios y tormentos, como herejes.

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
El camino hacia Amundgaard fue recorrido con velocidad, aprovechando las horas de la noche para dejar la anónima seguridad del Bosque, aprovechando las aldeas destruidas para evitar ser divisados. Sólo unos pocos guardias fueron encontrados durante el camino, y eliminados antes que pudieran dar aviso. Por primera vez, Guntram parecía mostrar un poco de auténtica felicidad.
"¡Alto ahí! El paso no está permitido. Daos vuelta y os evitaréis la furia del Margrave, bandoleros malnacidos."
Las arrogantes palabras del guardia de una de las torres de vigía cercanas a la ciudad, demostraban que no estaban al tanto de la existencia de más allá de la avanzadilla, lo cual podía presagiar un éxito
" Rendíos de inmediato, perro inmundo. No somos más que los necesarios para tomar esta torre de guardia, lo cual sin duda será un honor para esta miserable atalaya ruinosa. El auténtico Señor de estas Tierras se haya entre nosotros. ¿No le ves ahí, en su caballo? Os recomiendo que por el bien de vuestros hombres, os rindáis de inmediato. No creo que tenga demasiada paciencia luego de la muerte de su padre, y su propio exilio. Y tampoco creo que la tenga su nueva guardia de honor."
Y entonces los pudo ver con mayor claridad, a medida que se acercaban. No sólo él, el Hijo del Hechicero, estaba ahí, sino que cadáveres, seguramente los mismos que encantaban el Bosque Maldito, parecían componer el grueso de los invasores. Poseído por el horror, dio órdenes de rendición inmediata. ¿Que podían hacer una veintena de campesinos sin entrenamiento frente a un fabuloso ejército de ultratumba?
" Gracias por vuestra sensatez. Vuestros soldados os recordarán con cariño, pues lo que acabáis de hacer les evitará vuestro destino. Lo siento por vos, pero no perdonamos las bravuconadas y la descortesía."
El hachazo fue certero, y la decapitación, ante la espantada resignación de la víctima, rápida. La torre ya estaba lista para la llegada del joven, seguido por Thedrik, así como el sabueso, quien aprobó la rápida victoria "diplomática" de su guardaespaldas con una mirada de satisfacción.
" Me alegra informaros que he tomado la torre sin necesidad de luchar, como habéis visto, Mi Señor. Desde aquí tendremos un excelente punto de observación del asedio, y si todo ha ido como aquí, pronto tendremos rodeado Amundgaard."
" Estoy encantado que aún seáis apto para las artes de la diplomacia, para los estándares de estos fríos territorios, mi amigo. Pero mucho me temo que no tenemos tiempo para deleitarnos con éxitos tempranos: dado que no podríamos sostener un largo asedio, es preciso que la ciudad caiga cuanto antes. Y para ello debemos ponernos en marcha."
"¡Alto ahí! El paso no está permitido. Daos vuelta y os evitaréis la furia del Margrave, bandoleros malnacidos."
Las arrogantes palabras del guardia de una de las torres de vigía cercanas a la ciudad, demostraban que no estaban al tanto de la existencia de más allá de la avanzadilla, lo cual podía presagiar un éxito
" Rendíos de inmediato, perro inmundo. No somos más que los necesarios para tomar esta torre de guardia, lo cual sin duda será un honor para esta miserable atalaya ruinosa. El auténtico Señor de estas Tierras se haya entre nosotros. ¿No le ves ahí, en su caballo? Os recomiendo que por el bien de vuestros hombres, os rindáis de inmediato. No creo que tenga demasiada paciencia luego de la muerte de su padre, y su propio exilio. Y tampoco creo que la tenga su nueva guardia de honor."
Y entonces los pudo ver con mayor claridad, a medida que se acercaban. No sólo él, el Hijo del Hechicero, estaba ahí, sino que cadáveres, seguramente los mismos que encantaban el Bosque Maldito, parecían componer el grueso de los invasores. Poseído por el horror, dio órdenes de rendición inmediata. ¿Que podían hacer una veintena de campesinos sin entrenamiento frente a un fabuloso ejército de ultratumba?
" Gracias por vuestra sensatez. Vuestros soldados os recordarán con cariño, pues lo que acabáis de hacer les evitará vuestro destino. Lo siento por vos, pero no perdonamos las bravuconadas y la descortesía."
El hachazo fue certero, y la decapitación, ante la espantada resignación de la víctima, rápida. La torre ya estaba lista para la llegada del joven, seguido por Thedrik, así como el sabueso, quien aprobó la rápida victoria "diplomática" de su guardaespaldas con una mirada de satisfacción.
" Me alegra informaros que he tomado la torre sin necesidad de luchar, como habéis visto, Mi Señor. Desde aquí tendremos un excelente punto de observación del asedio, y si todo ha ido como aquí, pronto tendremos rodeado Amundgaard."
" Estoy encantado que aún seáis apto para las artes de la diplomacia, para los estándares de estos fríos territorios, mi amigo. Pero mucho me temo que no tenemos tiempo para deleitarnos con éxitos tempranos: dado que no podríamos sostener un largo asedio, es preciso que la ciudad caiga cuanto antes. Y para ello debemos ponernos en marcha."

Sangre- Terrateniense

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
- El pequeño fue claro. Grabbon, su padre, al sentir ruidos en la explanada le pidió se ocultase entre los matorrales para luego venir aquí e informarnos de posibles peligros. El jovenzuelo señala haber visto a un grupo bien formado de soldados que luego de cruzar un par de palabras, decapitaron a su padre y tomaron posesión de la torre oriente.
…Y eso no es todo…
El hijo de Grabbon Amareste afirma, haber visto un gran número de soldados, cientos, que… no sólo eran liderados por el hijo del hechicero sino que eran, en su mayoría y aunque parezca increíble, hijos de las sombras, cadáveres de soldados, muertos vueltos a la vida mi dama…
Una joven de rostro pálido y cabellos obscuros observaba a través de los arcos del balcón con mirada a la negra noche que lo cubría todo. Dando la espalda a su interlocutor se mantuvo sin decir una palabra, pensativa hasta que el sonido de la gruesa puerta de madera interrumpió la ahora callada conversación.
- Los hombres están preparados.
Al mirar atrás un hombre fornido de mediana edad y aspecto refinado había entrado en la habitación dejando sobre la mesa una gruesa capa de piel escarchada por el frío.
- ¿Estás preparando a los hombres para una batalla?
- Es lo necesario mi señora. No pasarán al corazón de la ciudad. El primer escuadrón les esperará en los exteriores. No hay forma en que puedan cruzar los murallones que dan a la explanada.
- Stymir, por favor, contadle al Capitán lo que me has informado a mí sobre el hijo de Amareste.
- El Capitán Rodhas ya lo sabe mi dama, él ya ha entregado instrucciones a los soldados.
- ¿Bajo las órdenes de quién?
- Bajo las mías, el Capitán, que estoy al mando de éstos hombres.
- Entonces me pregunto ¿Bajo qué órdenes actúa el Capitán?
- Yo me encuentro bajo las órdenes de su padre y no son más que defender la ciudad y protegerla a usted, empero de eso ya tenía conocimiento mi señora.
La joven observó al Capitán con seriedad para luego dar vuelta el rostro con mirada perdida al paisaje nocturno nuevamente. Pasado un momento Rodhas entregó instrucciones a Stymir quien después de unos minutos de discutir la estrategia a seguir salió despidiéndose con caballerosidad de la “señorita” que no desatendía la mirada hacia los patios oscuros…
- Todo saldrá bien. Sólo debemos resistir hasta que llegue el grueso del ejército de su padre, bien podríamos mantenerles al borde de la ciudad por varios días. El pueblo necesita de un guía que les aconseje, especialmente durante ese tiempo. Si mi señora me lo permite, creo que usted debiese ser ese guía.
- Cambiaremos el plan a seguir.
- ¿Cambiaremos?
- Soy la representante del Margrave en este lugar Rodhas y mientras eso sea así no sólo me informaras acerca de tus planes sino que además deberás actuar bajo mis órdenes. Eso por sobre cualquiera de tus… aprensiones.
- “aprensiones”… Esto no es nada personal. Estamos hablando de una situación seria que merece ser guiada por estrategas que conocen de la guerra no es un experimento para niños…
- Cambiaremos el plan.
- “cambiaremos el plan”… ¿Y qué plan aplicaremos? ¿No pelear?
- No pelear es una mejor opción que planificar nuestro suicidio batallando contra un ejército de zombies.
- No pelear es inaceptable.
- No es una consulta. Es una orden.
- ¡Por los santos Dioses Erbara! ¡Esto no es un juego de niños! Maldición, ya casi están aquí no puedo seguir perdiendo el tiempo. No voy a discutir los planes de guerra, los planes de guerra los defino yo.
Enviaré a seis de mis mejores hombres a cuidar tu espalda y esperarás junto al grupo de mujeres y niños preparados a huir en caso de ser necesario. No hay nada más que discutir.
El hombre recogió la capa de piel con fuerza y salió de la habitación sin volver la vista atrás. Al momento que los primeros tambores de guerra comenzaban a sentirse en la fría noche.
…Y eso no es todo…
El hijo de Grabbon Amareste afirma, haber visto un gran número de soldados, cientos, que… no sólo eran liderados por el hijo del hechicero sino que eran, en su mayoría y aunque parezca increíble, hijos de las sombras, cadáveres de soldados, muertos vueltos a la vida mi dama…
Una joven de rostro pálido y cabellos obscuros observaba a través de los arcos del balcón con mirada a la negra noche que lo cubría todo. Dando la espalda a su interlocutor se mantuvo sin decir una palabra, pensativa hasta que el sonido de la gruesa puerta de madera interrumpió la ahora callada conversación.
- Los hombres están preparados.
Al mirar atrás un hombre fornido de mediana edad y aspecto refinado había entrado en la habitación dejando sobre la mesa una gruesa capa de piel escarchada por el frío.
- ¿Estás preparando a los hombres para una batalla?
- Es lo necesario mi señora. No pasarán al corazón de la ciudad. El primer escuadrón les esperará en los exteriores. No hay forma en que puedan cruzar los murallones que dan a la explanada.
- Stymir, por favor, contadle al Capitán lo que me has informado a mí sobre el hijo de Amareste.
- El Capitán Rodhas ya lo sabe mi dama, él ya ha entregado instrucciones a los soldados.
- ¿Bajo las órdenes de quién?
- Bajo las mías, el Capitán, que estoy al mando de éstos hombres.
- Entonces me pregunto ¿Bajo qué órdenes actúa el Capitán?
- Yo me encuentro bajo las órdenes de su padre y no son más que defender la ciudad y protegerla a usted, empero de eso ya tenía conocimiento mi señora.
La joven observó al Capitán con seriedad para luego dar vuelta el rostro con mirada perdida al paisaje nocturno nuevamente. Pasado un momento Rodhas entregó instrucciones a Stymir quien después de unos minutos de discutir la estrategia a seguir salió despidiéndose con caballerosidad de la “señorita” que no desatendía la mirada hacia los patios oscuros…
- Todo saldrá bien. Sólo debemos resistir hasta que llegue el grueso del ejército de su padre, bien podríamos mantenerles al borde de la ciudad por varios días. El pueblo necesita de un guía que les aconseje, especialmente durante ese tiempo. Si mi señora me lo permite, creo que usted debiese ser ese guía.
- Cambiaremos el plan a seguir.
- ¿Cambiaremos?
- Soy la representante del Margrave en este lugar Rodhas y mientras eso sea así no sólo me informaras acerca de tus planes sino que además deberás actuar bajo mis órdenes. Eso por sobre cualquiera de tus… aprensiones.
- “aprensiones”… Esto no es nada personal. Estamos hablando de una situación seria que merece ser guiada por estrategas que conocen de la guerra no es un experimento para niños…
- Cambiaremos el plan.
- “cambiaremos el plan”… ¿Y qué plan aplicaremos? ¿No pelear?
- No pelear es una mejor opción que planificar nuestro suicidio batallando contra un ejército de zombies.
- No pelear es inaceptable.
- No es una consulta. Es una orden.
- ¡Por los santos Dioses Erbara! ¡Esto no es un juego de niños! Maldición, ya casi están aquí no puedo seguir perdiendo el tiempo. No voy a discutir los planes de guerra, los planes de guerra los defino yo.
Enviaré a seis de mis mejores hombres a cuidar tu espalda y esperarás junto al grupo de mujeres y niños preparados a huir en caso de ser necesario. No hay nada más que discutir.
El hombre recogió la capa de piel con fuerza y salió de la habitación sin volver la vista atrás. Al momento que los primeros tambores de guerra comenzaban a sentirse en la fría noche.

Erbara- Forastero

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
El cerco se había logrado, con cierta facilidad atribuible bien a lo inesperado de esta nueva conflagración, bien al terror influido por la composición de la fuerza sitiadora, pero en Amundgaard no daban señas de rendirse. Nada aseguraba que el asedio fuera lo suficientemente veloz como para evitar el envío de una fuerza de alivio, probablemente dirigida por el Margrave en persona.
En la atalaya, nadie parecía encontrarse demasiado tranquilo. En lo más alto de ella se encontraban Guntram, sus dos guardaespaldas, y el Burgomaestre, quien, a falta de hombres más capacitados, parecía cerrar el alto mando de la pequeña ofensiva. Otro hombre, a toda vista un simple aldeano, subió, con rapidez, donde se escuchaba una acalorada discusión entre Thedrik y Alois.
" Todo parece complicarse. No tenemos equipamento de asedio adecuado ni fuerza suficiente para enfrentarnos en batalla al grueso del Ejército del Margrave, que podrá movilizarse en un par de días... Debemos tener completa seguridad acerca del paso a seguir, antes de que nos encontremos irremediablemente cercados, y tus bravuconbadas no nos ayudan a planearla."
"Yo también fui derrotado por la coalición de los nobles, Tedrik, y eso no me ha vuelto dubitativo y cobarde. Mientras más tiempo pasa más difíciles se ponen las cosas, y un ataque frontal con los muertos vivientes es arriesgado, es cierto, pero si lo hacemos rápido, letal. ¿De veras quieres demorar esto hasta perder nuestra ventaja?"
" Si bien os aprecio, y estimo mucho vuestras diferencias, en cuanto me ayudan a considerar las distintas, aunque, en estos tiempos de dificultades, no demasiadas opciones, parad, por favor; hasta yo estoy algo aburrido. Y ponedle atención: Él es Rulf, y fue maestro mampostero aquí, en Amundgaard. Mientras discutíais, el Burgomaestre me puso al tanto. Creo que la información que tiene permitirá poner fin a vuestras argumentaciones, y poner manos a la obra."
Los dos hombres por fin callaron, y pudieron poner atención al hombre, de edad avanzada, y barbas y cabellos blancos, como la nieve, y una cierta mirada de calma, incluso a pesar de los tormentos y tribulaciones que él, como los demás habitantes del Bosque Maldito, había sufrido por años. Se puso hablar, y pudieron notar un brillo de inteligencia en sus ojos.
" Es cierto que, como me pareció oir, es arriesgado intentar un ataque frontal sin más, pero habéis de saber, supongo, que Amundgaard fue construido bajo órdenes del Nigromante, y que no ha sufrido mayores modificaciones, hasta donde sé, en los últimos diez años, al menos no hasta que escapé de la ciudad, principalmente porque se consideró conjurado el peligro.
Pues bien, además, de la entrada, fuertemente custodiada, en frente de nosotros, que ellos han de creer inexpugnable, hay otra entrada, secreta, y que, dado que fue ocultada a los leales al Margrave, dudo que hayan cerrado o custodiado, situada a una distancia relativamente menor de la entrada principal, que lleva a un túnel rocoso, que aún recuerdo de forma casi perfecta.
Creo que seré capaz de guiar a una centena de soldados a través del túnel, con la suficiente velocidad para que podáis luchar vuestro camino y abrir la entrada principal, acabando con toda posibilidad de resistencia prolongada del enemigo. Eso es todo cuanto, anciano ya, puedo hacer por vos, Mi Señor Guntram el Cuervo de Guerra, y por vuestra legítima querella."
Tanto Thedrik como Alois, luego de escuchar con atención las palabras del viejo, sonrieron complacidos. Al menos por ahora, la sugerencia estratégica del Burgoamestre consistente en atacar Amundgaard, parecía un acto de verdadera brillantez del hombre con ademanes de oso, y no una simple casualidad. Guntram había hecho bien confiando en aquellos desdichados del bosque después de todo.
" ¿Alguna duda queda, mis estimados camaradas de armas? Alois, os pido que os llevéis cien de mis "fuerzas especiales" para aprovechar el efecto espectral que tanto defendíais, bajo la guía de Rulf, a quien agradezco de corazón sus esfuerzos. Yo con Thedrik y el Burgomaestre prepararemos una fuerza para el asalto final. Sólo ejecutando nuestro plan de forma rauda triunfaremos."
En la atalaya, nadie parecía encontrarse demasiado tranquilo. En lo más alto de ella se encontraban Guntram, sus dos guardaespaldas, y el Burgomaestre, quien, a falta de hombres más capacitados, parecía cerrar el alto mando de la pequeña ofensiva. Otro hombre, a toda vista un simple aldeano, subió, con rapidez, donde se escuchaba una acalorada discusión entre Thedrik y Alois.
" Todo parece complicarse. No tenemos equipamento de asedio adecuado ni fuerza suficiente para enfrentarnos en batalla al grueso del Ejército del Margrave, que podrá movilizarse en un par de días... Debemos tener completa seguridad acerca del paso a seguir, antes de que nos encontremos irremediablemente cercados, y tus bravuconbadas no nos ayudan a planearla."
"Yo también fui derrotado por la coalición de los nobles, Tedrik, y eso no me ha vuelto dubitativo y cobarde. Mientras más tiempo pasa más difíciles se ponen las cosas, y un ataque frontal con los muertos vivientes es arriesgado, es cierto, pero si lo hacemos rápido, letal. ¿De veras quieres demorar esto hasta perder nuestra ventaja?"
" Si bien os aprecio, y estimo mucho vuestras diferencias, en cuanto me ayudan a considerar las distintas, aunque, en estos tiempos de dificultades, no demasiadas opciones, parad, por favor; hasta yo estoy algo aburrido. Y ponedle atención: Él es Rulf, y fue maestro mampostero aquí, en Amundgaard. Mientras discutíais, el Burgomaestre me puso al tanto. Creo que la información que tiene permitirá poner fin a vuestras argumentaciones, y poner manos a la obra."
Los dos hombres por fin callaron, y pudieron poner atención al hombre, de edad avanzada, y barbas y cabellos blancos, como la nieve, y una cierta mirada de calma, incluso a pesar de los tormentos y tribulaciones que él, como los demás habitantes del Bosque Maldito, había sufrido por años. Se puso hablar, y pudieron notar un brillo de inteligencia en sus ojos.
" Es cierto que, como me pareció oir, es arriesgado intentar un ataque frontal sin más, pero habéis de saber, supongo, que Amundgaard fue construido bajo órdenes del Nigromante, y que no ha sufrido mayores modificaciones, hasta donde sé, en los últimos diez años, al menos no hasta que escapé de la ciudad, principalmente porque se consideró conjurado el peligro.
Pues bien, además, de la entrada, fuertemente custodiada, en frente de nosotros, que ellos han de creer inexpugnable, hay otra entrada, secreta, y que, dado que fue ocultada a los leales al Margrave, dudo que hayan cerrado o custodiado, situada a una distancia relativamente menor de la entrada principal, que lleva a un túnel rocoso, que aún recuerdo de forma casi perfecta.
Creo que seré capaz de guiar a una centena de soldados a través del túnel, con la suficiente velocidad para que podáis luchar vuestro camino y abrir la entrada principal, acabando con toda posibilidad de resistencia prolongada del enemigo. Eso es todo cuanto, anciano ya, puedo hacer por vos, Mi Señor Guntram el Cuervo de Guerra, y por vuestra legítima querella."
Tanto Thedrik como Alois, luego de escuchar con atención las palabras del viejo, sonrieron complacidos. Al menos por ahora, la sugerencia estratégica del Burgoamestre consistente en atacar Amundgaard, parecía un acto de verdadera brillantez del hombre con ademanes de oso, y no una simple casualidad. Guntram había hecho bien confiando en aquellos desdichados del bosque después de todo.
" ¿Alguna duda queda, mis estimados camaradas de armas? Alois, os pido que os llevéis cien de mis "fuerzas especiales" para aprovechar el efecto espectral que tanto defendíais, bajo la guía de Rulf, a quien agradezco de corazón sus esfuerzos. Yo con Thedrik y el Burgomaestre prepararemos una fuerza para el asalto final. Sólo ejecutando nuestro plan de forma rauda triunfaremos."

Sangre- Terrateniense

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
El túnel, bastante más cómodo y amplio de lo que demostraba su entrada, pequeña y de difícil acceso, permitió que Alois y su pequeña compañía avanzaran a paso relativamente ligero, detenidos sólo por la marcha, más lenta aunque no por ello menos segura, del viejo guía.
De pronto, al fondo del pasadizo, era divisable un muro de piedra, que parecía menos firme que el resto de la construcción de la ciudadela. Un golpe en el lugar adecuado, y permitiría una abertura lo suficientemente grande como para que el ataque fuera sorpresivo, y los invasores lograran abrir la puerta de la fortaleza.
" Indicadme dónde debo dar el golpe, Venerable Anciano, y hazte a un lado. Si dejais Gaia antes que nuestro Señor pueda recompensaros, estaría cometiendo un error que deseo evitar."
Tras serle indicado el punto débil de la muralla del pasadizo, y una vez a salvo el viejo, Alois dio un golpe descomunal con su hacha, que abrió un boquerón por el cual, con velocidad que incluso al gigantesco guerrero le pareció inusitada, se precipitaron los soldados cadáveres, tomando completamente por sorpresa a la espantada guarnición.
El camino hacia la puerta fue relativamente rápido, y tras liquidar a los guardias más cercanos, la compañía rompió las cadenas que mantenían la gigantesca pieza de madera suspendida, inexpugnable. El golpe pareció reactivar a los defensores, que ahora luchaban por sus vidas, y que se movieron para castigar, al menos, el violento revés sufrido.
" Matadme si podéis, perros inmundos. Mi muerte sólo hará las vuestras mucho más horribles."
Sin embargo, una certera lluvia de flechas derribó a Alois, a pesar de su estampa temeraria y porte imponente, y al cabo de unos instantess yacía, muerto, con los "guerreros" restantes de su compañía rechazados por los defensores. Sin embargo, el grueso de las tropas se acercaba con celeridad, en números aplastantes. Toda posibilidad de una resistencia prolongada parecía disiparse.
De pronto, al fondo del pasadizo, era divisable un muro de piedra, que parecía menos firme que el resto de la construcción de la ciudadela. Un golpe en el lugar adecuado, y permitiría una abertura lo suficientemente grande como para que el ataque fuera sorpresivo, y los invasores lograran abrir la puerta de la fortaleza.
" Indicadme dónde debo dar el golpe, Venerable Anciano, y hazte a un lado. Si dejais Gaia antes que nuestro Señor pueda recompensaros, estaría cometiendo un error que deseo evitar."
Tras serle indicado el punto débil de la muralla del pasadizo, y una vez a salvo el viejo, Alois dio un golpe descomunal con su hacha, que abrió un boquerón por el cual, con velocidad que incluso al gigantesco guerrero le pareció inusitada, se precipitaron los soldados cadáveres, tomando completamente por sorpresa a la espantada guarnición.
El camino hacia la puerta fue relativamente rápido, y tras liquidar a los guardias más cercanos, la compañía rompió las cadenas que mantenían la gigantesca pieza de madera suspendida, inexpugnable. El golpe pareció reactivar a los defensores, que ahora luchaban por sus vidas, y que se movieron para castigar, al menos, el violento revés sufrido.
" Matadme si podéis, perros inmundos. Mi muerte sólo hará las vuestras mucho más horribles."
Sin embargo, una certera lluvia de flechas derribó a Alois, a pesar de su estampa temeraria y porte imponente, y al cabo de unos instantess yacía, muerto, con los "guerreros" restantes de su compañía rechazados por los defensores. Sin embargo, el grueso de las tropas se acercaba con celeridad, en números aplastantes. Toda posibilidad de una resistencia prolongada parecía disiparse.
Última edición por Sangre el Jue Feb 02, 2012 8:08 pm, editado 1 vez

Sangre- Terrateniense

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
Un hombre de estatura promedio, larga barba blanca, calvo y encorvado cruzó un umbral, poca luz entraba por el extremo del túnel, el hombre iba inclinado hacia su lado izquierdo pues cargaba una cubeta con agua, avanzó unos metros y se giró, abrió una puerta a la altura de su pecho y pasó la cubeta hasta el otro lado, extendió su brazo y luego abrió completamente la puerta, se alejó y desde dentro salió un caballo, hombre y equino salieron juntos del establo.
Una vez fuera comenzó a ensillar al animal, era completamente marrón, un alazán de oscuras crines y metro y medio de altura. Entonces un hombre alto, ataviado con ropas de género, pechera de cuero, botas de montar y una capa corta de piel negra se acercó al viejo.
¿Está todo dispuesto maestre? -Dijo mientras se acercaba al lugar.
Acabo de terminar con Baro, lleva alimentos suficientes para un par de días y poder volver sin tener que arruinar piel alguna. Le he recogido agua fresca para que lleve junto con el vino y no afecte su puntería.
Ya sabe viejo maestre Frank que no importa cuanto vino haya bebido, mis manos son certeras y mis ojos precisos. Espero poder volver con algún ciervo, llevo las flechas pesadas y mi lanza en caso de que me encontrara con un oso. Glorioso sería traer uno de aquellos enormes ejemplares que hay en la chimenea y cuya capa conservo. Espero volver antes del próximo cambio de luna si tengo suerte.
Luego de esto el conde se retiró galopando hacia el bosque, con su lanza en la mano y el arco en la espalda mientras el sol salía desde el otro lado.
Ya dentro del bosque los árboles se comenzaron a cerrar, los pinos cada vez más espesos hubieran hecho que cualquier otro se devolviera pero Konrad conocía el bosque lo suficiente para poder llegar a un claro, una vez ahí levantó su tienda y dejó a Baro pero sin atarlo, cogió su arco y una docena de flechas para ir en busca de un ciervo. Siguió el rastro de los arbustos más bajos, alejándose del lugar pues los pinos no comparten espacio con muchas especies de estos. Finalmente tras caminar una hora llegó al lugar idóneo para encontrar una presa, se movió en busca de un ciervo, estaba helando cerca de las montañas, debía apresurarse para cazar y tener tiempo de volver y armar una fogata.
Disparó a un par de liebres pero no acertó, el frío se asentaba así que tomó un poco de vino, tras otro rato tomó otro sorbo y otro más. Finalmente oscureció persiguiendo un ciervo por largo rato y para cuando le disparó le dio a un árbol, decidió volver al campamento pero debía caminar largo trecho para llegar, mientras seguía bebiendo vino pues la noche no perdonaba el frío del conde. Mientras caminaba de vuelta pudo ver un corzo, era un macho de varias puntas, pudo verlo gracias a esta entre la alta hierba y se acercó agazapado.
Levanto su arco y tomó una flecha de su espalda, sus ojos estaban fijos en la presa, se mordió los labios a la vez que entrecerraba los ojos y tensaba la cuerda hacia atrás. El corzo levantó la cabeza, entonces Konrad disparó la flecha hacia la parte delantera del cuerpo pero el animal ya corría, le disparó otra vez infructuosamente pero algo lo había alertado y no era él. Vio un oso oscuro, no estaba tan cerca de las montañas pero para entonces los animales hambrientos buscaban comida en cada rincón. Entusiasmado le disparó inmediatamente pero le dio en un brazo y al parecer era un macho bastante grande pues su gruesa piel le protegió del impacto. El animal comenzó a buscar el origen de la flecha, Konrad se revisó la espalda pero no traía las flechas pesadas y sólo le quedaban 2 flechas, disparó una última vez pero el tiro no fue certero. El animal comenzó a correr hacia el, se escondió tras un árbol y disparó su última flecha a una piedra cuyo ruido distrajo al animal. Konrad se arrastró entre flores esperando que su olor pudiera hacerle perder el rastro. Luego de varios metros echó a correr tan rápido como pudo. La cacería se tornaba interesante.
Una vez fuera comenzó a ensillar al animal, era completamente marrón, un alazán de oscuras crines y metro y medio de altura. Entonces un hombre alto, ataviado con ropas de género, pechera de cuero, botas de montar y una capa corta de piel negra se acercó al viejo.
¿Está todo dispuesto maestre? -Dijo mientras se acercaba al lugar.
Acabo de terminar con Baro, lleva alimentos suficientes para un par de días y poder volver sin tener que arruinar piel alguna. Le he recogido agua fresca para que lleve junto con el vino y no afecte su puntería.
Ya sabe viejo maestre Frank que no importa cuanto vino haya bebido, mis manos son certeras y mis ojos precisos. Espero poder volver con algún ciervo, llevo las flechas pesadas y mi lanza en caso de que me encontrara con un oso. Glorioso sería traer uno de aquellos enormes ejemplares que hay en la chimenea y cuya capa conservo. Espero volver antes del próximo cambio de luna si tengo suerte.
Luego de esto el conde se retiró galopando hacia el bosque, con su lanza en la mano y el arco en la espalda mientras el sol salía desde el otro lado.
Ya dentro del bosque los árboles se comenzaron a cerrar, los pinos cada vez más espesos hubieran hecho que cualquier otro se devolviera pero Konrad conocía el bosque lo suficiente para poder llegar a un claro, una vez ahí levantó su tienda y dejó a Baro pero sin atarlo, cogió su arco y una docena de flechas para ir en busca de un ciervo. Siguió el rastro de los arbustos más bajos, alejándose del lugar pues los pinos no comparten espacio con muchas especies de estos. Finalmente tras caminar una hora llegó al lugar idóneo para encontrar una presa, se movió en busca de un ciervo, estaba helando cerca de las montañas, debía apresurarse para cazar y tener tiempo de volver y armar una fogata.
Disparó a un par de liebres pero no acertó, el frío se asentaba así que tomó un poco de vino, tras otro rato tomó otro sorbo y otro más. Finalmente oscureció persiguiendo un ciervo por largo rato y para cuando le disparó le dio a un árbol, decidió volver al campamento pero debía caminar largo trecho para llegar, mientras seguía bebiendo vino pues la noche no perdonaba el frío del conde. Mientras caminaba de vuelta pudo ver un corzo, era un macho de varias puntas, pudo verlo gracias a esta entre la alta hierba y se acercó agazapado.
Levanto su arco y tomó una flecha de su espalda, sus ojos estaban fijos en la presa, se mordió los labios a la vez que entrecerraba los ojos y tensaba la cuerda hacia atrás. El corzo levantó la cabeza, entonces Konrad disparó la flecha hacia la parte delantera del cuerpo pero el animal ya corría, le disparó otra vez infructuosamente pero algo lo había alertado y no era él. Vio un oso oscuro, no estaba tan cerca de las montañas pero para entonces los animales hambrientos buscaban comida en cada rincón. Entusiasmado le disparó inmediatamente pero le dio en un brazo y al parecer era un macho bastante grande pues su gruesa piel le protegió del impacto. El animal comenzó a buscar el origen de la flecha, Konrad se revisó la espalda pero no traía las flechas pesadas y sólo le quedaban 2 flechas, disparó una última vez pero el tiro no fue certero. El animal comenzó a correr hacia el, se escondió tras un árbol y disparó su última flecha a una piedra cuyo ruido distrajo al animal. Konrad se arrastró entre flores esperando que su olor pudiera hacerle perder el rastro. Luego de varios metros echó a correr tan rápido como pudo. La cacería se tornaba interesante.
Hannibal- Forastero

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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
No sabía en que punto del camino iba ni si la dirección era la correcta pero no desistía de su plan. Avanzaba ciego en la oscuridad y se encontraba en una zona de pinos, un lugar distinto en el que tuviera lugar su encuentro con el oso pero eso no importaba, entonces dio media vuelta e iba a retirarse pues Baro y el estaban cansado, pero entonces escuchó un ruido, pudo ser un búho pero partió a la carga, con su lanza en frente, apuntando hacia el centro con la punta recta. Cruzó un río diagonalmente mientras gritaba al equino para que no desistiera, luego se escuchó otro ruido, Konrad ensartó la lanza y cayó del caballo, este salió galopando a lo lejos en medio de la oscuridad mientras el cazador tomó una flecha pesada y comenzó a apuntar en todas direcciones, se quedó así un rato y luego se movió atento a cualquier sonido o a encontrar el cuerpo del oso, se metió dentro de un árbol podrido, esperó dentro hasta el amanecer.
Ya había amanecido y grande fue la sorpresa de Konrad cuando al salir del árbol pudo ver su lanza ensartada en este, no había dormido y estaba cansado. Se puso de pie hastiado y comenzó a caminar de regreso a casa. Evidentemente no estaba en condiciones de seguir en esta y la comida que llevaba en el caballo se había perdido con este. Agarró la lanza y comenzó a caminar con esta usándola como bastón pues la caída del caballo ahora comenzaba a doler, le quedaba vino aún y fue tomándolo por el camino de regreso.
Cuando llegó ya había atardecido y tras todo el día de caminata estaba Frank esperándole.
Mi señor, supuse que algo había ocurrido cuando llegó Baro con todas sus cosas pero la falta de sus armas y del vino me hicieron pensar que era solo otro inconveniente de la caza.
Sólo espero dormir tranquilo esta noche, no debo llevar vino la próxima vez, me nubló la visión cuando estaba a punto de matar a un enorme oso como no se ha vista hace mucho.
Esta noche podréis dormir pero el Margrave os ha llamado a su presencia, he alistado su armadura y tengo un caballo para el viaje a primera hora, el jinete llegó a toda prisa y al parecer es urgente.
Ya han pasado varios meses desde la última vez que me llama, seguramente necesita ayuda con un asunto menor pero en su acostumbrada prisa me ha llamado, no es bueno hacerlo esperar pero estoy seguro de que no es nada importante y si lo es me necesita para alguna de sus argucias e intimidaciones, por eso ha indicado la presencia con armadura. Al menos podré ver a Erbara en medio de todo el aburrimiento.
Ya había amanecido y grande fue la sorpresa de Konrad cuando al salir del árbol pudo ver su lanza ensartada en este, no había dormido y estaba cansado. Se puso de pie hastiado y comenzó a caminar de regreso a casa. Evidentemente no estaba en condiciones de seguir en esta y la comida que llevaba en el caballo se había perdido con este. Agarró la lanza y comenzó a caminar con esta usándola como bastón pues la caída del caballo ahora comenzaba a doler, le quedaba vino aún y fue tomándolo por el camino de regreso.
Cuando llegó ya había atardecido y tras todo el día de caminata estaba Frank esperándole.
Mi señor, supuse que algo había ocurrido cuando llegó Baro con todas sus cosas pero la falta de sus armas y del vino me hicieron pensar que era solo otro inconveniente de la caza.
Sólo espero dormir tranquilo esta noche, no debo llevar vino la próxima vez, me nubló la visión cuando estaba a punto de matar a un enorme oso como no se ha vista hace mucho.
Esta noche podréis dormir pero el Margrave os ha llamado a su presencia, he alistado su armadura y tengo un caballo para el viaje a primera hora, el jinete llegó a toda prisa y al parecer es urgente.
Ya han pasado varios meses desde la última vez que me llama, seguramente necesita ayuda con un asunto menor pero en su acostumbrada prisa me ha llamado, no es bueno hacerlo esperar pero estoy seguro de que no es nada importante y si lo es me necesita para alguna de sus argucias e intimidaciones, por eso ha indicado la presencia con armadura. Al menos podré ver a Erbara en medio de todo el aburrimiento.
Hannibal- Forastero

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Fecha de inscripción: 05/11/2011
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Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
Un hombre grueso de fornida contextura avanzó por el pasillo a pasos devengados abriendo la puerta con violencia.
-¡Ya han logrado entrar!
Erbara quien parecía perdida en meditaciones dio vuelta el rostro y observó con sorpresiva angustia al visitante, levantándose con aflicción mientras el hombre de avanzada edad le lanzaba uno de los gruesos abrigos de piel que cargaba en sus manos.
- Debemos partir, son órdenes de Rodhas
La joven apenas incorporándose siguió los pasos del gigante de gruesa armadura, quien se detuvo frente a la mesa que daba al pasillo, para envolver en cueros un viejo cuchillo que ocultó en su bota.
- No podemos huir Kodran, está todo cercado y no debemos…
- Este lugar ya no es seguro para usted, mi dama.
- Kodran, tú lo sabes, sabes bien que no podremos ganar esta batalla y no dejarán a nadie vivo ni dentro ni fuera de la ciudadela, pero quizá existe una oportunidad… Acompáñame, tú bien sabes que no me quedaré tranquila, iré contigo o sin ti de igual manera, yo…
- Ohhh yo sé lo que piensas niña… es peligroso.
- Pero hay que intentar.
El hombre mirando hacia el pasillo entre el ir y venir de los soldados tomó con fuerza del brazo a la joven que parecía pequeña y frágil junto al guerrero, mientras susurraba en su oído;
- Si logramos lo que piensas, pagaré mi deuda hacia mi padre…
- Lo harás Kodran… sólo pon en mis manos las armas que Rodhas ocultó, y tendrás tu tiempo de venganza…
El hombre miró con detención a la jovencita de pálido rostro que no dejaba de mirarle fijo y desafiante. Con fuerza remeció el abrigo que ella cargaba en sus manos y partió.
- Te esperaré en los cobertizos. Se escuchó mientras apuraba el paso.
Erbara se puso rápidamente el abrigo y tomó para sí varios objetos de su habitación que consideró “útiles”. Los dispuso en un pequeño morral de cuero y partió a toda prisa al lugar de encuentro.
A su paso, notó que la resistencia no tardaría en flaquear, todo parecía revuelto, los gritos de las mujeres se sentían en el aire, mientras los soldados corrían de un lado a otro. Finalmente, nadie estaba preocupado ya de ella, puesto que todo había perdido importancia y al mismo tiempo, cada quien velaba por su vida y la de su familia por ser esta una situación de vida o muerte.
Al llegar a los cobertizos, su caballo le aguardaba, inquieto por el tronar de la batalla y una lluvia de flechas se hacía contra los atacantes. Justo antes de que la resistencia cediera, Kodran llegó a toda prisa cargando para sí, la espada de Erbara junto a otras armas que acomodó en su caballo.
Los animales inquietos daban vueltas en círculo, pero sólo bastó el gripo del hombre para que partieran a toda velocidad, hacia la cara del enemigo.
-¡Ya han logrado entrar!
Erbara quien parecía perdida en meditaciones dio vuelta el rostro y observó con sorpresiva angustia al visitante, levantándose con aflicción mientras el hombre de avanzada edad le lanzaba uno de los gruesos abrigos de piel que cargaba en sus manos.
- Debemos partir, son órdenes de Rodhas
La joven apenas incorporándose siguió los pasos del gigante de gruesa armadura, quien se detuvo frente a la mesa que daba al pasillo, para envolver en cueros un viejo cuchillo que ocultó en su bota.
- No podemos huir Kodran, está todo cercado y no debemos…
- Este lugar ya no es seguro para usted, mi dama.
- Kodran, tú lo sabes, sabes bien que no podremos ganar esta batalla y no dejarán a nadie vivo ni dentro ni fuera de la ciudadela, pero quizá existe una oportunidad… Acompáñame, tú bien sabes que no me quedaré tranquila, iré contigo o sin ti de igual manera, yo…
- Ohhh yo sé lo que piensas niña… es peligroso.
- Pero hay que intentar.
El hombre mirando hacia el pasillo entre el ir y venir de los soldados tomó con fuerza del brazo a la joven que parecía pequeña y frágil junto al guerrero, mientras susurraba en su oído;
- Si logramos lo que piensas, pagaré mi deuda hacia mi padre…
- Lo harás Kodran… sólo pon en mis manos las armas que Rodhas ocultó, y tendrás tu tiempo de venganza…
El hombre miró con detención a la jovencita de pálido rostro que no dejaba de mirarle fijo y desafiante. Con fuerza remeció el abrigo que ella cargaba en sus manos y partió.
- Te esperaré en los cobertizos. Se escuchó mientras apuraba el paso.
Erbara se puso rápidamente el abrigo y tomó para sí varios objetos de su habitación que consideró “útiles”. Los dispuso en un pequeño morral de cuero y partió a toda prisa al lugar de encuentro.
A su paso, notó que la resistencia no tardaría en flaquear, todo parecía revuelto, los gritos de las mujeres se sentían en el aire, mientras los soldados corrían de un lado a otro. Finalmente, nadie estaba preocupado ya de ella, puesto que todo había perdido importancia y al mismo tiempo, cada quien velaba por su vida y la de su familia por ser esta una situación de vida o muerte.
Al llegar a los cobertizos, su caballo le aguardaba, inquieto por el tronar de la batalla y una lluvia de flechas se hacía contra los atacantes. Justo antes de que la resistencia cediera, Kodran llegó a toda prisa cargando para sí, la espada de Erbara junto a otras armas que acomodó en su caballo.
Los animales inquietos daban vueltas en círculo, pero sólo bastó el gripo del hombre para que partieran a toda velocidad, hacia la cara del enemigo.

Erbara- Forastero

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Fecha de inscripción: 07/12/2011
Re: El Paso de Dühsen: Un Regreso
La batalla estaba tocando a su fin, de forma innecesariamente cruenta. Los asaltantes se abrían paso ante una quebrada, irregular defensa de hombres aterrorizados, únicamente interesados en sobrevivir a una masacre que parecía una viva remembranza de la lujuriosa sed de sangre del pasado reciente.
" Todos morirán. Fueron libres de rendirse, y sin embargo, siguieron luchando aún cuando todo era fútil; no merecen otro trato"
El Burgomaestre, tras deshacerse de un par de asustados defensores parecía por primera vez que su apariencia de oso no era una broma cruel y burda. Sin embargo, ante la atenta mirada de un Thedrik enfurecido, salvaje, Guntram no pudo sino esbozar sino una sonrisa.
" Pero vos y los vuestros cometieron el mismo delito, aunque por amo distinto. ¿Significa eso que debo aniquilaros? Ahora en serio, por más que desee aplastar estos gusanos, hay intereses superiores, ante los cuales cuestiones como el castigo de algunos seres irrelevantes pierden fuerza. Es preciso encontrarla a ella, sólo así ganaremos tiempo para preparar nuestro verdadero ascenso. Y lo dice alguien que fue tan perjudicado por las acciones del señor Margrave como vos y vuestro pueblo."
De pronto, como saliendo de un sueño de muerte y destrucción, Thedrik recobró su aspecto gélido, y montando en su caballo, se lanzó a todo galope, bien protegido por una escolta, recorriendo la entrecortada línea defensiva:
" Escuchad bien, defensores de Amundgaard, que no repetiré mis palabras. El Cuervo del Norte os da una última oportunidad para conservar vuestras vidas, todas vuestras vidas. Si pensáis que nos interesan vuestras débiles cabezas, pues estáis equivocados, dado que, francamente, nuestra querella no es para con vosotros, habitantes de la Marca, sino para con vuestros opresores.
Si deponéis las armas, y nos indicáis el paradero de vuestra ama, la Señora Erbara, y especialmente, si nos la traeis viva, pues bien, recibiréis perdón, y seréis libres de quedaros o iros. Quien quiera resistir para defender a la hija de quien se encuentra libre de todo peligro, tras confortables murallas, mientras vosotros arriesgais vuestra existencia, pues bien, si lo desea yo le daré el placer de una muerte dolorosa y sangrienta. Escoged una respuesta sabia y prudente, pues podría ser vuestra última exhalación."
" Todos morirán. Fueron libres de rendirse, y sin embargo, siguieron luchando aún cuando todo era fútil; no merecen otro trato"
El Burgomaestre, tras deshacerse de un par de asustados defensores parecía por primera vez que su apariencia de oso no era una broma cruel y burda. Sin embargo, ante la atenta mirada de un Thedrik enfurecido, salvaje, Guntram no pudo sino esbozar sino una sonrisa.
" Pero vos y los vuestros cometieron el mismo delito, aunque por amo distinto. ¿Significa eso que debo aniquilaros? Ahora en serio, por más que desee aplastar estos gusanos, hay intereses superiores, ante los cuales cuestiones como el castigo de algunos seres irrelevantes pierden fuerza. Es preciso encontrarla a ella, sólo así ganaremos tiempo para preparar nuestro verdadero ascenso. Y lo dice alguien que fue tan perjudicado por las acciones del señor Margrave como vos y vuestro pueblo."
De pronto, como saliendo de un sueño de muerte y destrucción, Thedrik recobró su aspecto gélido, y montando en su caballo, se lanzó a todo galope, bien protegido por una escolta, recorriendo la entrecortada línea defensiva:
" Escuchad bien, defensores de Amundgaard, que no repetiré mis palabras. El Cuervo del Norte os da una última oportunidad para conservar vuestras vidas, todas vuestras vidas. Si pensáis que nos interesan vuestras débiles cabezas, pues estáis equivocados, dado que, francamente, nuestra querella no es para con vosotros, habitantes de la Marca, sino para con vuestros opresores.
Si deponéis las armas, y nos indicáis el paradero de vuestra ama, la Señora Erbara, y especialmente, si nos la traeis viva, pues bien, recibiréis perdón, y seréis libres de quedaros o iros. Quien quiera resistir para defender a la hija de quien se encuentra libre de todo peligro, tras confortables murallas, mientras vosotros arriesgais vuestra existencia, pues bien, si lo desea yo le daré el placer de una muerte dolorosa y sangrienta. Escoged una respuesta sabia y prudente, pues podría ser vuestra última exhalación."

Sangre- Terrateniense

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