Las tierras de Tedoenimar

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Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Mar Nov 15, 2011 12:00 am

—Hoy llegará tu padre con tu hermano, finalmente —dijo el corpulento Lars Leonit mientras Sirius aún se desperezaba y le echaba una mirada desanimada— ¿Aún sigues molesto porque no te llevaron?
—No lo estaba hasta que viniste a despertarme para recordarme algo que ya sabía. ¿Acaso te pone feliz su vuelta? —dijo bostezando e incorporandose para mojarse la cara.
—¿Y cómo no? Tu padre siempre vuelve con uno que otro objeto increíble y con muchas historias que contar.
—Historias, claro. Lo único que quieres son los objetos; así es como obtuviste tu espadón y armadura, y... todo lo que tienes, maldita sanguijuela de clase baja.
—¡Diste en el clavo! Pero no te preocupes, tu hermano me dijo que la próxima vez yo podría ir con ellos —respondió Lars entre risas.
—Eres bastante infantil, ¿no crees? —dijo Sirius, ya impacientandose.
—Y eso que yo no soy el que está amargado porque no le dejaron ir —Lars no pudo dejar de reir, lo que le costó que un jarrón con agua helada fuese vertido sobre él, y fue el turno de Sirius de reir.

Cuando Roeggor, el sabio de lobunos rasgos, entró a la habitación todo estaba desordenado y mojado, y ambos jóvenes se golpeaban entre risas con unas espadas de madera que hicieron con las patas de una silla que destruyeron dentro de su alboroto.
La gracia les costó la ardua tarea de llevar agua caliente a todo el cuarto y quinto nivel del castillo, desde la cocina. Les tomó toda la mañana lograr llevar agua al cuarto nivel, y cuando se dirigían hacia el comedor para almorzar se encontraron con Aegata.

—Ustedes dos nunca madurán, ¿no es así? —les dijo a ambos muchachos, demasiado cansados y sudados como para responder.

Cuando por fin estaban sentados Aegata fue nuevamente quien habló.
—Hoy por fin llegará tu padre con tu hermano, Sirius ¿No estás ansioso? —Lars se echó a reir— ¿Qué sucede?
—Cuidado, Aegata, sino terminarás acarreando agua con nosotros.
—respondió Lars riendose.
—Silencio, haces que todos nos miren. No te preocupes, Aegata, éste se ríe de todo. Sí, estoy ansioso por su llegada. —le dijo Sirius a Aegata con calma, ignorando las risas continuas de Lars.

Desde que Aegata había llegado con su padre a Baesteóremar Sirius se había sentido atraído hacía ella. Le atraía su belleza natural, que opacaba a muchas de las mujeres que había visto hasta ahora, que se arreglaban ocupando una buena parte de la mañana, y aún así no lograban superar a Aegata y su cabello risado y rojizo. Además era incluso más hábil que él mismo en el uso de la espada y el arco, aunque a él no le disgustaba, ya que Hije Daen, el padre de Aegata y maestro de armas personal de Sirius y Lars, le hacía pelear contra ella, y ella le enseñaba.

Antes de que cualquiera de los tres siguiese hablando, llegó un soldado de la Brigada de la Sombra, con sus caracteristicas ropas oscuras y su máscara de diablo con sus cuernos.

—Sirius Aestermonth, debes acompañarme —dijo con tono sombrío y cortante, con una voz que se oía grave, profunda, debido a la máscara.

Sirius miró a Lars y a Aegata, quienes estaban tan sorprendidos como él por ver a uno de estos extraños soldados. Y luego sin decir más se paró y siguió al soldado. Salieron por la entrada principal y fueron directamente por las escaleras hasta el quinto nivel, en total silencio. Sirius pensó en preguntar, pero conocía de sobra que los soldados de la Brigada de la Sombra solo hablaban lo que les comandaban hablar, y que sacarle alguna iinformación sería tan inútil como una vela bajo el agua.

En la sala principal del quinto nivel se encontraban algunos otros soldados de la Brigada y su Capitán, Hersh, el padre de Lars, junto a Roeggor.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó Sirius, quien ya se imaginaba lo peor— ¿Era necesario llamar la atención de esa forma en los comedores?
—Da igual, tarde o temprano todos sabrán que tu padre y tu hermano están desaparecidos, debían llegar a la Torre del Mar hoy al mediodía, sin embargo--
—¿QUé? ¿desaparecidos?
—interrumpió Sirius, quien comenzaba a confirmar sus temores— ¿No se habrán atrasado solamente?
—Salieron exploradores a buscarlos. No hay rastro de tu padre ni de tu hermano, ni de sus hombres. Nada.


Sirius no sabía que decir. Fue el Capitán Hersh quien interrumpió el silencio.

—Joven principe, entiendo su preocupación. La compartimos todos aquí, pero no debe pensar lo peor aún. Apenas nos enteramos de los sucesos os mandamos a buscar y a elegir a un grupo selecto de la Brigada de la Sombra para salir al encuentro de nuestro Señor. Le prometo que--
—Iré con ellos. —interrumpió el principe.
—Sirius, no seas ridiculo. En el caso de que estén muertos necesitan a su nuevo señor aquí —dijo Roeggor, con su típica brusquedad sincera y poco optimista.
—No me importa, iré. Ya estoy aburrido de ser dejado atrás. Ira la Brigada de la Sombra ¿no es así? No hay de que temer.
—Mi principe,
—dijo el capitán Hersh— El sabio Roeggor tiene razón en que es rídiculo que usted vaya, sin embargo, insisto en que no hay que apresurarse y decir que están muertos.
—Además en estos momentos tu lugar está aquí con tus otros hermanos.
—Ellos estarán bien, Roeggor. No dejaré que ustedes también me dejen atrás; iré, digan lo que digan.


Roeggor y Hersh se miraron, y luego volvieron a mirar a Sirius. El tema estaba decidido.


Última edición por Sirius Aestermonth el Jue Dic 01, 2011 10:32 pm, editado 1 vez

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Dom Nov 20, 2011 2:05 pm

La Torre del Mar se encontraba a poco menos de la mitad de un día de distancia del castillo. La verdad es que la Torre del Mar ni siquiera era una torre propiamente tal. Era un refugio construido hace cientos de años, cuya torre era tan impresionantemente alta que desde la cima se podía ver perfectamente el mar. Era, sin duda, una de las maravillas más impresionantes hechas por el hombre.

—¡Definitivamente debemos subir hasta el último piso! —dijo Lars cuando la vieron por primera vez, a pesar de que Sirius le dijo un millar de veces que no sería un paseo de relajo por la pradera. No pudo persuadirlo, de todas formas, de que se quedase en Basteóremar. Incluso el Comandante de la Brigada y padre de Lars, había insistido en que su hijo le acompañase, ya que era alguien de confianza y buen luchador.
—Lo haremos, después de que encontremos a mi padre y hermano. —respondió Sirius, algo pensativo.
—No te preocupes, lo haremos. Vamos con la Brigada de la Sombra después de todo. —La Brigada de la Sombra era una sección de la fuerza militar de Basteóremar, la encargada de deshacerse de amenazas y desordenes antes de que estos comiencen a formarse, asi como del espionaje, o de misiones mucho más especializadas. En este caso, la búsqueda del Señor y de su hijo mayor. En total no eran más de cien los que partieron a la Torre del Mar.
—Sí...

Siguieron cabalgando a paso lento, tras los capitanes del escuadrón. Cuando ya estaban llegando el sol estaba apunto de empezar a esconderse, y Sirius miraba cómo lentamente la luz se extinguía mientras los portones se abrían.

—¡Vamos, hombre! Anímate, ¿o piensas recibir a tu padre con esa cara? ¿o es que extrañas a Aegata?[/b] —bromeó Lars
—¡Cl-claro que no! Ella solo estorbaría. —respondió Sirius torpemente, sabiendo que eso era mentira.
—Ay, Sirius, siempre negándolo; como si no se notase. Aunque no te culpo, Aegata es realmente hermosa, no eres tú el único que la mira.
—¿Quiéres decir que tú...?

—Mis ojos son solo para ésta —dijo mostrando la empuñadora de su espadón con una sonrisa en su rostro— Pero no somos los únicos jóvenes en el castillo. Yo solo digo que si te sigues haciendo el tonto, perderás toda oportunidad.
—No seas ridículo, yo no... —sin embargo, no supo que decir, y Lars se echó a reir otra vez.

Sirius no pudo dormir bien durante la noche; muchas cosas le daban vuelta en los pensamientos, a pesar de las optimistas palabras de su amigo. No podía evitar pensar que el retraso de su padre era muy extraño. Los días siguientes no fueron muy diferentes. No hubo rastro alguno.
El día que llegó un mensaje de Ibbenia, la ciudad amarilla, la preocupación no hiso más que aumentar. Ibbenia fue el último lugar donde Lord Fredar Aestermonth, Señor de Basteóremar, y Syd Astermonth, su hijo mayor, se alojaron antes de partir hacia la Torrre del Mar, ya hace veinte días, y hace diez que debían haber llegado. Pero no fue el único mensaje que llegó ese día.

Uno de los Soldados Silenciosos llegó con noticias a mediodía sobre un caballo sin jinete, sólo con la montadura y con el emblema de los Aestermonth. Partieron inmediatamente al séctor unos cincueta Soldados Silenciosos con sus capitanes junto a Sirius y Lars, y se repartieron los deberes. A medida que el día transcurría se descartaban más lugares. Seguramente si los SOldados fueran habladores comentarían que la busqueda terminaría mal de una u otra forma. Al final del día solo quedaba por buscar el Bosque Enredado, cuyo nombre era perfecto, debido a la enorme cantidad de enredaderas y su accidentado terreno, que impedían el paso a cualquiera que fuese sin el equipo adecuado.

Pero estaban en el camino correcto. Al día siguiente todos lo supieron cuando encontraron en el bosque a dos hombres de Lord Aestermonth, los cuales estaban intactos excepto que de su cabeza solo conservaban la mandíbula inferior.


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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Mar Nov 22, 2011 1:04 pm

Cuando Sirius llegó al Prado Principal caminando escoltado por dos Soldados Silenciosos tras de él se encontró con la mirada de Aegata y Lars entre la multitud. Lars se mantenía firme, con el rostro duro; en cambio, Aegata estaba frágil, aún abatida por el dolor de los trágicos acontecimientos. Cada paso que daba le acercaba más hacia un destino que no deseaba, pero que parecía inevitable.

Durante los diez días que estuvieron buscando a los hombres perdidos entre Torre del Mar e Ibbenia nunca lograron encontrar a su padre, sin embargo, los cuerpos de sus compañantes comenzaron a aparecer rápidamente, todos ellos cercenados a veces en muchos trozos. Incluso su hermano mayor había sido hallado muerto, al que solo reconocieron por su armadura, pues su cuerpo habia sido decapitado.

Roeggor le esperaba con el escudo emblemático de los Aestermonth, el cual recibió con mucho nerviosismo. Lo alzó sobre su cabeza, mostrandolo a la multitud que se había asistido a la ceremonia funebre, y poco a poco se comenzo a oir más el susurro del viento que el susurro de las gente.

—Sirius, sube a la Roca Raiz, para que todos te vean —le dijo Roeggor al oído, y obedeció, sintiendose torpe.

Había presenciado los ritos funerarios nobles muchas veces, y sabía todos los pasos que le correspondía al primer miembro familiar de la linea sucesoria, sin embargo, los nervios le traicionaban.

Habiendose asegurado que todos lo vieran, bajó el escudo y apoyó su base en el suelo, sujetandolo con ambas manos. Y desde las Casonas comenzaron a salir los monjes que cargaban los cuerpos en una cama de madera, cubiertos con banderas de Basteóremar, para que su descuartizamiento no fuese visible.

—Sirius, debemos hablar en privado —volvió a decirle Roeggor al oído—. Cuando esto termine me buscarás en el Castillo.

Y luego Roeggor partió.

Aprovechó entonces para buscar a sus amigos. Pero solo Lars se encontraba donde lo había visto antes.

—¿Y Aegata?
—No se sentía muy bien, dijo, y fue a un lugar más despejado, la multitud le afisxiaba.
—¿No le acompañaste?
—Tu sabes que no soy bueno para brindar apoyo. Además padre me pidió que me mantuviese cerca de tí, que no te perdiese de vista. Algo malo está sucediendo, Sirius.
—Siento lo mismo... en un rato más iré donde Roeggor, creo que ahí sabré qué pasa —Lars se sonrió—¿Qué sucede?
—Mi padre siempre dice que mientras menos uno sepa sobre asuntos importantes de los señores mejor, pues si algún día el enemigo te llega a capturar, por mucho que te torturen no tendrás nada que decir.
—Aquí estamos a salvo, Lars, y eres mi amigo.
—Pues qué problemático ser amigo tuyo, Sirius, ahora tendré que cuidar mis espaldas en todo momento —se permitieron algunas risas.
—Te evitaré tanta tortura entonces, me marcho.... Roeggor me espera.
—Si, claro, y depronto olvidaste que lo veías más rato —dijo Lars entre risas— Sólo dile 'hola' a Aegata de mi parte, ve.

Sirius intentó responder, sin embargo, prefirio irse luego, pues sentía cómo se ponia colorado. Cuando Lars ya había quedado atrás se dio cuenta de que no sabía adonde habia ido Aegata. Asique le tomó un buen rato lograr ubicarla. Estaba caminando lentamente de un lado a otro cerca del Jardín Silencioso. Sin embargo, cuando iba a acercarse a ella un hombre de su edad más o menos se le adelantó, y le comenzó a hablar. Entonces fue cuando recordó lo que Lars le había dicho en la Torre del Mar, sin embargo, decidió dar media vuelta y volver por donde había venido, pero para entonces la ceremonia ya estaba terminando.

Sin pensarlo demasiado decidió irse en busca Roeggor.

Le esperaba junto a Hersh donde siempre, en el quinto nivel del castillo.

—Parece que siempre que están juntos las noticias no son buenas —les dijo Sirius, pero no respondieron, sino que Hersh se dirigió a una mesa y le llamó con la mano. Le señaló la mesa— ¿Qué? No veo nada.
—Acércate más
—Siris no entendía muy bien que tenía que ver, pero se acercó, y logró ver un breve destello al mirar con cierto ángulo.
—Es una cuerda, muy fina. ¿Con esto los...--
—Con este instrumento los cercenaron —continuó Roeggor—, es un instrumento bastante raro y dificil de fabricar, de hecho, solo se sabe de un grupo capaz de hacerlo tan bien como éstas.
—¿Un grupo?
—Sí. Al-Djohira.


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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por Historiador el Miér Nov 23, 2011 4:05 pm

El lugar era muy distinto al desierto, el sol purificador se escondía siempre tras las ramas de árboles cargados de hojas, y Hared, acostumbrado al quemante calor del desierto no podía estar más molesto. Sin embargo este cambio tenía también sus pros, en los amplios espacios sombríos del bosque sus hombres pasaban inadvertidos, hacía no mucho incluso había estado entre las sombras de las ramas cuando de improviso un numeroso grupo de esos carroñeros de Tedoenimar aparecieron y examinaron un par de cuerpos de los que su grupo se había ocupado hace poco sin notar su presencia unos metros por sobre sus cabezas. Si, el chico con ellos debía ser el que le habían descrito, el que terminaba la sangre real, el muere y su línea muere, luego de eso el reino cae fácil como un castillo de naipes bajo una tormenta de arena. Pero estaba solo, y ellos eran muchos, sus muchachos estaban lejos, deshaciéndose de algunos rehenes y cuidando al resto, de haber estado ellos los hubieran emboscado y todo terminaba allí, pero solo no podría hacer mucho, y aunque acabara con paupérrima vida del joven Sirius probablemente Hared tampoco hubiera conservado la cabeza por mucho tiempo. Usó su poca paciencia y esperó hasta que se fueron.
- ¡ASI DE CERCA PERROS!¡SI VINIERAN DE A UNO YA VERÍAN COBARDES!
Había descendido del árbol y golpeaba violentamente el árbol con su katar. Explotaba cada vez que sus planes parecían hacerse eternos.
- Paciencia Hared, todo a su tiempo, si persigues al gorrión agitando la jaula nunca lo atraparás, más si le dejas comida y te esperas quieto no demorarás en tenerlo entre los barrotes.
La sombra del viejo Raktar apareció a sus espaldas, había sido el leal consejero de su padre y ahora lo era suyo. Y era a la única persona que se dignaba escuchar.
- Estuvo aquí viejo Raktar, podría haberle partido el cráneo, o darle una sigilosa muerte con un dardo justo en la yugular, aunque no merezca tanta piedad de mi parte.
- Y hubieras muerto con él, ¿de qué sirve una venganza si mueres al concretarla?.
- De nada, pero no moriré. Él si lo hará, y su reino con él.
El viejo Raktar lo miró con una expresión que podría parecer tristeza pero no dijo nada sobre esto último.

Ahora, habían pasado días de éste evento y esperaba noticias de Jahmed, el joven espía estaba hecho para su trabajo, podía conseguir la apariencia que quisiera y era notable su capacidad de aprender idiomas y acentos en poco tiempo. Su trabajo en el castillo debería estar listo y su regreso debería ser pronto. Su trabajo era simplemente averiguar con quien podrían dejar un mensaje a Sirius para que se aventurara solo al bosque, hasta ahora no se había separado nunca de su numerosa escolta.
Jahmed regresó según lo previsto e inclinándose ante Hared le susurró.
- Hay un gorila mi señor, un enorme mono musculoso que parece tener amistad con Sirius, también parece tener la inteligencia de un mono, no creo que haya problemas en dejar el mensaje con él.
- Excelente Jahmed, lo que esperaba de ti.
- Hay otra cosa mi señor Hared, si Sirius no se presenta para rescatar a su padre… tiene un punto débil que podemos explotar…
Hared sonrió complacido, Jahmed nunca descepcionaba cuando de reunir información relevante se trataba.

- Habla Jahmed…
- Aegata…

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Sáb Nov 26, 2011 4:06 pm

Las puertas del castillo ya estaban por cerrarse cuando unos soldados guardianes llegaron con el aviso, y Sirius partió inmediatamente, Lars y tres soldados silenciosos le acompañaban.

—¿Dónde está? —preguntó Sirius al llegar.
—Sígame, mi señor.

Aún no se acostumbraba a que le llamaran Señor, y tampoco le gustaba. Su padre aún no había sido encontrado, es cierto, pero no quería decir que estuviese muerto, o eso se forzaba a pensar Sirius. Le siguieron, entonces, por una sucesión de puertas cerradas, algunas silenciosas y otras con personas quejandose dentro, y otras con mujeres pariendo.

Cuando llegaron a la puerta del fondo, la última del pasillo, el jefe de la curandería les abrió la puerta, y les dió el paso. Dentro era una gran habitación, más ancha que larga, donde habían muchas camas, pero todas ellas vacías, excepto una, donde se encontraba Garo, el Maestro de Armas de Sirius, y padre de Aegata. Junto a él se encontraba un curandero, haciendole unas curaciones, mientras éste se encontraba inconsciente. Le inquietó la ausencia de su amiga, aunque prefirió no tocar el tema.

—¿Qué le ha sucedido?
—Ha sido envenenado, mi Señor —respondió el curandero.
—¿Envennado? —Roeggor lo había advertido, había dicho que pronto estarían bajo una amenaza invisible, pero había sido más pronto de lo que esperaba— ¿Sabes quién lo ha hecho?
—No, mi Señor. Lo han encontrado así, y lo trajeron.
—¿Quiénes?
—Guardias, hacían sus rondas.
—Muy bien —dijo Sirius, dirigiendose a uno de los soldados silenciosos— Por favor, encargense de encontrar a estos guardias y envíenlos con Roeggor.

El soldado silencioso asintió y procedió a salir rápida y silenciosamente por donde habían entrado. Sirius, silenciosamente también, se acercó a su maestro. Parecía estar durmiendo, pero su rostro estaba muy pálido, con grandes ojeras, como si fuesen profundas cavernas. Su brazo, sin embargo, parecía muy mal. Esaba irritado, muy hinchado, y con enormes ampollas, apunto de rebetarse.

—¿Qué tan mal está? —preguntó Sirius al curandero, sin dejar de mirarlo; apreciaba mucho al hombre.
—Por ahora está estable, sin embargo, éste veneno se expande rápidamente, cuando llegó solamente tenía la mano en éste estado, probablemente no dure medio día más, cuando la infección llegue al cuerpo...
—¿Eso quiere decir que no hay ningún antídoto?
—preguntó Lars, muy preocupado. Le aterraba pensar en un emeigo al cual no se puede combatir.
—Lo hay, sí, pero hay que prepararlo, y no es seguro que las hierbas necesarias se hallen a tiempo...
—Entonces enviad rápidamente a buscarlas.
—Ya se ha hecho, mi Señor.
—Bien. Lars, ahora iremos donde Roeggor.


Sirius echó una mirada a Garo antes de partir, y luego al curandero.

—¿Ha sido informada Aegata de esto? —le preguntó.
—¿La hija del Maestro? Sí.
—¿No ha venido?
—Mi Señor, ella ha salido del castillo con algunos soldados comunes a buscar las hiervas.

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por Historiador el Mar Nov 29, 2011 6:01 pm

Hared nuevamente se paseaba impaciente de un lado a otro. Habían establecido un campamento camuflado entre las viejas ruinas de un pequeño fuerte de piedra milenaria, enmohecida y carcomida por los siglos de intemperie y descuido. Entre sus ruinas se asentaron y como asesinos y espías profesionales que eran no dejaron rastros a su alrededor. Cualquiera que entrara a sus nuevos dominios no se daría cuenta de nada, podría internarse entre las ruinas sin detectar la más mínima presencia humana reciente. Se podría avanzar tranquilamente por el pequeño patio del fuerte, en ese momento probablemente sentiría el cálido y agudo beso de un dardo en el cuello, y sentir lentamente el calor del veneno avanzar por el sistema circulatorio mientras el mundo se difumina en lo que parecería un lento e infinito camino hacia el pedregoso piso de tierra, ese camino infinito no sería más que la décima de segundo que le tomaría al veneno inhabilitar el sistema nervioso, la muerte es más lenta, pero la víctima no la siente. Sin embargo como el veneno era escaso y de complicada manufactura, era más probable que sintieras el frío abrazo de una cuerda acerada en tu cuello o cabeza, y la imagen del mundo desaparecería de tus ojos al mismo tiempo que tu cabeza, o la parte superior de ella, vuela libre separada del resto del cuerpo.

En las antiguas habitaciones del capitán del fuerte se encontraba Hared paseándose en círculos con las venas y los nervios del cuello tensos mientras su consejero Raktar intentaba calmarlo un poco.

- Paciencia Hared, es la mayor virtud de un asesino, tú más que nadie debería saberlo y practicarlo.
- ¡Que lo practique mi padre muerto! Por mucho tiempo practicó su maldita paciencia y jamás llegó a ver su venganza cumplida.
- Y tú tampoco lo harás si sigues con ese ímpetu, te revelarás ante tu enemigo como un tonto, y ellos no vacilaran en bajar su afilado acero sobre tu cuello.
- ¡Cuidado Raktar! Eres mayor que yo pero sigo siendo tu jefe y superior, jamás vuelvas siquiera a pensar que no sé lo que hago, quizás el tonto seas tú, con tu estúpida cautela.


Raktar asintió y se inclinó cortésmente ante Hared, pero en sus ojos se veía claramente la desaprobación hacia la actitud del hijo de su mejor amigo. En ese momento la puerta se entornó levemente mientras uno de sus hombres se asomaba levemente y con voz suave anunciaba la vuelta de los hombres enviados. Sin decir nada más Hared salió de la habitación dejando atrás el incómodo momento, una sonrisa astuta se dibujaba en su rostro mientras veía como sus planes iban funcionando uno a uno.
Tres hombres se acercaban entre las sombras del bosque, su caminar era suave aunque decidido, ni aún las hojas secas crujían bajo sus leves pasos, uno de ellos traía un cuerpo inerte sobre sus hombros.

- ¡¿Qué le han hecho?!
- Solo está dormida jefe, se resistía como el demonio, más incluso que sus jodidos guardias, ellos murieron sin emitir ni un quejido y sus ojos ya deben ser pasto de cuervos, pero ella…
- Ella peleó como una víbora acorralada
– señaló el hombre que iba a su derecha.
- Por suerte en el desierto sabemos cómo atrapar a las víboras – Dijo el tercero con una voz seca y rasposa, a Hared no le agradaba éste último, se decía que una vez habló demasiado y casi le costó la misión y la vida al padre de Hared, como pago por eso se tragó una daga al rojo vivo para que recordase no hablar demasiado nunca más.
- Tuvimos que dormirla o despertaría hasta a los muertos – Acotó el que la llevaba en los hombros mientras la recostaba delicadamente sobre un tosco banco de piedra.

Hared sonreía aún, todo según el plán, los dioses y los djinns parecían todos conspirar a su favor. La llave de la victoria y la venganza se encontraba dormida frente a él en un banquillo de piedra. Le pasó la mano lentamente por el pelo, bajó acariciando sus mejillas y continuó hasta su pecho, se detuvo un instante y sonriendo aún tomó la gargantilla que llevaba la joven ese día y la arrancó de un fuerte tirón, la cabeza de Aegata se elevó brevemente con el tirón y luego cayó pesadamente con un fuerte sonido al darse contra la piedra, ella seguía durmiendo.
- ¡Jahmed! Entrega esto y la carta al gorila amigo de Sirius. – Dijo alargando la gargantilla y un rollo de pergamino hacia el joven espía que se inclinó brevemente en una reverencia y partió como una ráfaga de viento perdiéndose entre las sombras y sonidos del bosque.

“Sirius,

Una vez tu padre fue al desierto y pensó que podía hollar a la serpiente y reírse de ello. Hoy la cabeza de la serpiente finalmente se ha vuelto y le ha mordido, y tú eres el que pagará por todo, los pecados de la sangre se pagan con sangre. Tu padre aún vive, por poco tiempo, la arena cae y cuando deje de caer su corazón dejará de latir. Tú aún tienes tu oportunidad si juegas bien tus cartas, el fuerte abandonado del bosque, vienes solo o la cabeza de la chica llegará hasta ti antes de que puedas saber de dónde salió.
Ya lo sabes, ellos viven aún, por cuanto tiempo… depende de ti y de si haces lo correcto o algo estúpido.

Al-Djohira”

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Vie Dic 02, 2011 1:55 am

Las primeras luces del alba acariciaban las copas de los altos árboles. Dejó de caminar un momento y miró hacia arriba. No vio a nadie, pero sabía que seguramente estarían ahí; definitivamente su llegada ya había sido advertida, Roeggor se lo había advertido.
Roeggor le había advertido muchas cosas, y como siempre, intentó persuadirlo de que hiciera tal estúpidez. ¿Pero qué más iba a hacer en una situación así? Roeggor le pidió muchas veces que no acudiera, estaba tratando con asesinos, no con caballeros de honor, y que en vez de perder a dos, el castillo perdería a tres personas.

—Es duro, lo sé, Sirius, pero es mejor sacrificarlos —le decía.
—Lo sé, Roeggor, pero es más duro esconderme aquí esperando a que Aegata y mi padre mueran por mi culpa.
—No es tu culpa...
—Lo será si esque no voy.


Estuvieron toda la noche discutiendo. Sin embargo, Sirius logró salirse con la suya. O quizá Roeggor le dejó salirse con la suya, pero era lo de menos para Sirius.

—¿Y cómo los salvarás? Seguramente ninguna trampa te espere, pero aunque salgas victorioso en uno, dos, o con suerte diez encuentros, ellos son demasiados más que tú.
—Pero nosotros somos más que todos ellos. Si no vuelvo la Brigada se encargará de cada uno de los asesinos. Si es necesario convocarás a las Fuerzas de Haroe. Ellos no son los únicos que conocen las artes de la aniquilación desde las sombras, Roeggor.


Los pensamientos de Sirius se extinguieron cuando a lo lejos se oyó un ruido de ramas, que resultaron ser de un perro salvaje. Siguió caminando, con el corazón en su garganta, intentando limpiar su cabeza de preocupaciones. Lo que la Brigada o lo que las Fuerzas hicieran después ya no estaba en sus manos, sino que en las de Roeggor, el sabio lobo, él sabía como manejar cualquier situación.
El fuerte finalmente quedó a la vista.
Tenía miedo. Conocía su entrenamiento, pero nunca lo había aplicado a la realidad. Pero no podía fallar. En una mano llevaba el pendiente de Aegata, lo sujetaba firmemente. Con la otra mano sujetó firmemente la empuñadura de su espada de Haroe, y luego revisó los regalos que le había hecho Roeggor antes de partir.

—Usalos solo cuando sea necesario, y ten cuidado, también te puede afectar a tí —le dijo.

Sirius respiró hondo y entró por las puertas caídas del fuerte abandonado, cuyo nombre había sido olvidado ya.


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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por Historiador el Lun Dic 12, 2011 1:35 pm

- Ya está aquí
El suave susurro de uno de los vigía llegó desde el bosque como una leve brisa, entrenados no solo como asesinos, sino como espías, el arte de envío de información rápido era una de sus armas, y que más rápido que el viento. Cuando el viento, o la más leve brisa soplan en la dirección adecuada es posible que arrastre tus susurros al oído entrenado, una técnica depurada que debían aprender todos los asesinos de Al-Djohira. Hared esperaba este aviso y antes que Raktar pudiera detenerlo dio un salto veloz adentrándose al bosque por entre el follaje al encuentro de Sirius. No tardó mucho en oír sus ruidosos pasos, quebrando ramas y aplastando hojas secas. Si fuera un asesino lo habrían detectado varios kilómetros antes de acercarse a su objetivo, pero Sirius no era un asesino, y Hared sí, luego de seguirlo algunos metros por entre el follaje sintió que el viento estaba de su lado. En el desierto es natural, por su temperatura, encontrarse con alteradas fluctuaciones del aire, corrientes que corren en zigzag, o que se elevan en columnas giratorias invocando a los antiguos Djins. Los asesinos de Al-Djohira sabían leer el viento muy bien y usarlo para sus planes, al igual que para trasladar los mensajes podían hacer que su voz, dadas las condiciones adecuadas del viento, llegara desde donde ellos quisieran, y en este bosque el viento que provenía del cercano acantilado que se encontraba justo tras el pequeño fuerte, añadido a los efectos que daba a la corriente las aglomeraciones de árboles, las condiciones para usar la técnica de las Mil Voces estaban dadas extraordinariamente.
- Debo admitir que tienes un bonito bosque aquí – La voz resonaba suavemente tras unas espesas zarzamoras – No… no estoy allí, no te enredes en vano en las espinas – La voz parecía haber volado rápidamente y ahora se oía tenue y lejana a las espaldas de Sirius – No te molestes en buscarme Sirius… No me encontraras… - Terminó con una risa casi infantil que se perdió entre ecos a la derecha de Sirius – Eres más delgado de lo que pensé, tu padre se ve mucho más fuerte que tú ¿Qué te hace pensar que lo harás mejor que él?¿O que sus soldados? – La voz oscilaba delante de Sirius aunque no veía a nadie, Hared preguntaba pero no daba tiempo de contestar – Ven, ven, el fuerte está aquí delante, te espero en el patio de armas, hay mucho que quiero saber antes de concretar mi venganza, ¿para qué matarte ahora? Tenemos todo el día… ¡vamos!¡apresúrate!
La voz sonaba amable e infantil, una invitación honesta e inocente aún con la palabra venganza y matar en ella. La técnica de las Mil Voces, era usada frecuentemente con el objetivo de engañar y confundir al enemigo, ya sea en el inmenso desierto donde todo se ve igual mires donde mires, o en un espeso bosque donde sea poses tu mirada verás solo inmensos y primigenios troncos. Sin hacerlo notar y con la inocencia de su voz Hared desviaba poco a poco los pasos de Sirius, ¿para que un sangriento final?¿para qué arrancarle la cabeza o la dolorosa agonía del veneno?¿no es más fácil acaso guiar sus dóciles pasos hasta el mismo borde del abismo? Si Sirius no pone un pié en falso entre las enmarañadas zarzas antes de darse cuenta que el abismo está escondido al otro lado, bien puede Hared bajar y con un pequeño empujón terminar con su estúpida inocencia. Si no cae aún está la fortaleza, aún están los rehenes, no hay nada que temer, Hared es un gato que se apresta a jugar con el pequeño ratón.

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por 6irius el Mar Dic 20, 2011 10:52 pm

Por un momento Sirius cayó en la más obvia de las provocaciones. Aún así, no se movió de donde estaba. Roeggor se lo había advertido una y otra vez: "No confíes en nada de lo que veas u oigas, son asesinos, no caballeros, si pueden atacarte desde las sombras lo harán", y Sirius no pretendía olvidar esas advertencias.

En segundos se dio cuenta de que le habían advertido qué evitar hacer, pero ¿qué debía hacer ahora? Y no lo sabía. Probablemente nadie sabía.

—No te conosco, —habló Sirius, a quién le palpitaba el corazón... de ¿miedo?, sin saber hacia donde dirigir su mirada— pero sí me advirtieron de sus técnicas para engañar y confundir, y matar desde las sombras. Tu eres el que armó todo esto, si quieres que entre en tus trampas deja ir a tus rehenes, o sino ven a buscar tu venganza aquí mismo.

Fue lo único que Sirius pensó, sin embargo, no sabía que hacer en ninguna de las opciones que proponía. Aún así agudizó sus sentidos lo más que pudo y desenvainó su espada de Haroe, una magnífica espada con el filo, intacto aún, por un solo lado. Era la primera vez que la empuñaba para defender su vida. "No", se dijo Sirius, "también defiendo la vida de mi padre y de Aegata".

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Re: Las tierras de Tedoenimar

Mensaje por Historiador el Lun Ene 09, 2012 1:10 pm

Una risa clara sonó entonces entre las verdes ramas de los altos árboles, aún cuando la risa sonaba limpia y sincera había algo en ella que la hacía parecer que no pertenecía a aquel lugar puro reinado por la naturaleza, era como si caminando por el bosque de pronto, en vez de encontrar un río encontraras arena, su risa era como la arena del desierto.

- Inteligente propuesta, inteligente e inocente. Dime tú si acaso el ratón entra en la trampa si sacas el queso. Tu padre y tu chica se quedan conmigo, hasta que los rescates, o hasta que mueras… o mueran ellos.

Hared saltó desde el árbol donde estaba cayendo a pocos metros a espaldas de Sirius, su ropa liviana lo hacía mucho más rápido que cualquier soldado acorazado, sin embargo no atacó, esperó a que Sirius se volviera, quien vio a un tipo como de su altura a quien solo se le veían los suaves ojos almendrados y parte de su piel ligeramente morena, ya que su cabeza iba protegida por un turbante de telas fuertemente apretadas así como parte de su rostro perteneciente a su boca y nariz, lo cual lo hacía parecer más una momia que un humano, y sin embargo su voz se escuchaba clara a través de todas aquellas telas apretadas.

- Has podido morir más de diez veces mientras no sabías donde estaba Sirius, sin embargo tu muerte aguarda en el fuerte. Dame las gracias porque te doy la misericordia de morir con quienes amas. Y no se te ocurra huir como un cobarde, porque así te presentes o no la muerte bailará esta noche en los aposentos de aquél fuerte, y tal como el padre de la chica un día te encontrarás que no puedes levantarte de tu cama y sangraras por tus oídos antes de morir dolorosamente vomitando tus tripas. Y aún así me agradecerás mi bondad porque me aseguraré que antes de cerrar tus ojos puedas ver la cabeza de tu novia ensartada en una lanza. ¿Acaso no soy misericordioso? – Al hacer esta última pregunta Hared extendió sus brazos con las palmas hacia arriba mientras en sus ojos se dibujaba la sonrisa de satisfacción que seguramente habitaba bajo los vendajes de su cara.Y sin decir más salió como el viento en dirección al fuerte desapareciendo de la vista de Sirius.

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